miércoles, 24 de agosto de 2016

Sol y mar en Las Canteras

Si mis niños tenían algo clarísimo en cuanto se montaron en el avión rumbo a Gran Canaria era que querían playa, playa y más playa. A mí no me emociona mucho la opción sol y mar, pero tampoco es que lo pase mal yendo, así que les dimos el gusto y no pasó mucho hasta que pisamos la Playa de Las Canteras, ideal para nuestras vacaciones.

La tenemos a quince minutos en autobús, tiene una barra natural que la hacer única y no estaba muy masificada. Los días que fuimos la disfrutamos al máximo. Hicimos volcanes impresionantes en la arena. Castillos inexpugnables con murallas y fosos que acabaron siendo pastos de las olas, agujeros enormes, enterramos a los chiquillos... Es que ir con chiquillos te da carta blanca a eso de  dar rienda suelta a tus dotes de arquitecto de la arena. Una chulada.

A mí la arena no me gusta mucho, pero me encanta el paseito por la avenida y si hay helado de por medio mejor. En ese sentido soy una niña más.

También lo pasamos genial entre las olas: saltando, pasando por debajo, huyendo de ellas... Los peques se llevaron más de un revolcón, pero salían del agua muertos de la risa, así que perfecto.

Lo curioso es que la orilla estaba llena de peces que se veían perfectamente. ¡Hasta se te acercaban! A veces daban un poco de respeto. A mí me vino uno enfilado y me fui rápidamente a la arena por si me daba un bocao. Mejor prevenir que curar, que estoy de buen ver y seguro que le parecía bastante apetitosa.

A Raúl y a los niños les rodearon unos cuantos a lo bestia. A mi marido y a Daniel les hizo mucha gracia la experiencia, pero al chiquitín le entró miedito. No me extraña. El caso es que se movieron y los pececillo se dispersaron. A mí la cosa me recordó la peli de Hitchcock Los Pájaros en versión submarina.

Sólo fue ese rato, porque luego desaparecieron y ya no los vimos acercarse tanto nunca más. Supongo que pensaban que les llevábamos pan, como hacen otros bañistas y cuandop se dieron cuenta de que nada de nada ya nos reconocían a la legua y se decían entre ellos: "Pasa de esa gente Pezpe, que son uno agarraos y no comparten almuerzo" o algo así.

Hay que confesar que los peques se lo pasan de miedo en la playa. Es algo que echan mucho de menos en Madrid.





martes, 23 de agosto de 2016

Una terraza para disfrutar

Mi madre tiene una terraza de esas que nos gustaría tener a todos: grande y con mil posibilidades. Pero ella no la usa... Ainss. Así que cuando vamos hay que aprovecharla para que no esté solita y abandonada la pobre. Entre todos montamos el chiringuito y la dejamos ideal para momentos de relax. Una gran mesa, las sillas, la casita de los niños, la cocinita y... la joya de la corona: una piscinita ideal para refrescarse.

Allí nos subimos las cervezas, las papitas, las aceitunitas, los refrescos y tan ricamente. Se está de lujo. La pena es que venimos tan pocos días y queremos hacer tantas cosas que no la usamos todo lo que nos gustaría. No se puede tener todo. Al menos tenemos nuestros oasis para descansar a gusto después de nuestras excursiones.




lunes, 22 de agosto de 2016

El parque Estadio Insular

Cuando era pequeña los domingos de partido se montaban unos pifostios tremendos cerca de mi casa porque vivíamos a pocos metros del Estadio Insular. Mi padre podía ir andando si quería. A nosotros el fútbol ni fu ni fa, así que nos tocaba preocuparnos por el cambio de itinerarios en las guaguas o por el ruido en las calles.

A partir del 2003 el fervor futbolero se trasladó al nuevo estadio en Siete Palmas, dejando el antiguo desierto y silencioso... Hasta hace muy poco que han inaugurado un parque donde antes se daban patadas al balón. Me parece una conversión estupenda. Mi madre ya no vive por ahí, pero nos faltó tiempo para coger el bus y plantarnos en la zona infantil en cuanto nos hablaron de su existencia.

El parque es bastante pequeño, pero a la vez, muy curioso. Han dejado levantados partes de los muros y gradas del antiguo estadio a modo de homenaje y creo que han acertado. Los columpios no son los de siempre. Se lo han currado muchísimo. Toboganes gigantes, una gran bola de cuerdas sobre un suelo de colchoneta, unas cuerdas en las que se surfea... Los peques se lo pasaron en grande.

No vimos que hubiera mucho más, pero hacía tanto calor, que tras un par de horas con los chiquillos dando botes de un lado para otro decidimos volver a casa sin explorarlo más.

Lo que sí puedo afirmar es que la zona infantil es impresionante. Es la primera vez que veo columpios para niños con movilidad reducida. Ojalá pusieran en todos los parques.



domingo, 21 de agosto de 2016

Vacaciones de lujo en Las Palmas de G.C.

De nuevo nos dimos el salto y nos fuimos a la isla Gran Canaria. Los niños estaban deseando volver para achuchar a los perrillos y rebozarse en la playa, principalmente. Y disfrutar de su familia canariona también, por supuesto.

Nada más llegar se llevaron dos sorpresas maravillosas: ¡Van a tener un primito! Y muy pronto. La barrigota de su tía Silvia les hizo mucha ilusión. Tanta como el juego de Warhammer que les regalaron sus tíos Fernando y Marian y su prima Natalia. Son unos materialistas jajaja

Les encanta preparar las batallas épicas con su padre. Su tío se lo curró mucho y les dio los guerreros ya montados y pintados. ¡Impresionantes!

Pasamos un rato muy divertido durante la comida familiar. Nos echábamos mucho de menos desde las Navidades.

Cuando cada mochuelo se fue a su olivo nos echamos una siesta reparadora y nos lanzamos a la calle a ver como estaba el panorama Pokemon. La siesta era imprescindible porque nos había levantado a las cuatro de la madrugada para coger nuestro vuelo de las siete de la mañana.

Hay que confesar que la ciudad de Las Palmas es el paraíso del cazador de Pokemons. Una pokeparada casi en cada esquina, millones de bichos campando a sus anchar y derroche de cebos. Los gimnasios también abundan y cambian de manos cada minuto. Suficiente para recoger tu dinerito en la tienda cada 24 horas. Casi casi que viene todo a ti.

Mientras los papis cazaban los niños buscaban cangrejos en el paseo marítimo, hacían deporte y jugaban en el parque infantil. Se ve que ya se han cansado un poco del juego. Sólo lo cogen de vez en cuando y ya no nos piden ir de caza. Aunque acogen con alegría cada nacimiento de huevos, captura de especímenes nuevos y subidas de nivel.

Que bien se vive en vacaciones, que pena que pasen tan rápido.





sábado, 20 de agosto de 2016

Gol Rivales Peligrosos

Se ve que el fútbol está de moda entre los niños porque cada vez veo más libros novelados sobre este deporte orientados a peques de nueve años en adelante. Éste es el caso de la serie Gol, que ya va por su tomo 39. Se ve que tiene mucho éxito. Nosotros pudimos leer el número 38: Rivales Peligrosos, gracias a Boolino.

Con tantos tomos publicados tenía una curiosidad tremenda por saber de qué iba al historia. Nada más empezar me di cuenta de que esta colección es sólo apta para futboleros empedernidos. Las alineaciones, tácticas y estrategias basadas en el estudio del equipo rival, sus debilidades y fortalezas, son las protagonistas de una trama que viene de largo y de la que no te dan muchas pistas, pero que te imaginas con bastante precisión.

El argumento es muy previsible en su mayor parte, aunque tiene elementos originales en alguna trama secundaria. Los personajes no me acaban de convencer. Parecen un calco, uno de otro. Me temo que son demasiados y en poco más de 150 páginas es muy difícil profundizar en todos ellos. Menos mal que viene una guía de personajes para que no te pierdas. Al principio me parecía que siempre hablaban del mismo aunque le cambiaran el nombre. Cuando hablan de problemas personales, sólo lo hacen de pasada y como si comentaran algo sobre un tercero que nos toca de lejos y no del protagonista o de dos de sus mejores amigas. En ese aspecto me pareció un poco frío.

Toda la superficialidad que encuentro en las historias personales se convierte en emoción exacerbada en cuando los personajes salen al campo de juego, que es la mayor parte del tiempo. Errores, juego sucio, pases rápidos, goles imparables, faltas, lesiones, triunfos, jugadas magistrales... Todo se sucede a gran velocidad y las tornas cambian cada dos por tres. El ritmo se hace más dinámico.

Parece que intercalar tramos en formato cómic también se ha puesto muy de moda y me gusta. Rompe con las largas parrafadas y da mayor dinamismo a la lectura. Para niños lo veo ideal como elemento motivador a la lectura. Para un adulto, esas rupturas son, quizás, demasiado bruscas.

Los tomos se pueden leer de forma independiente, pero yo recomiendo que se empiece por el principio y se vaya completando la colección poco a poco, que no me parece nada cara. La razón de esta recomendación es que las primeras páginas nos hablan de una historia ya empezada desde hace mucho tiempo y de la que no te pone en antecedentes. Y el libro acaba con un final muy abierto que se resolverá en el siguiente tomo, en el que, estoy segura, se abrirán nuevas tramas y preguntas.

viernes, 19 de agosto de 2016

Las lágrimas de San Lorenzo en Covarrubias

Este año la lluvia de estrellas nos ha pillado en Covarrubias. Nos enteramos porque nos lo comentaron unos amigos. En plenas vacaciones no sabíamos ya ni en qué día vivíamos. Nos propusieron ir a unas huertas en las lindes del pueblo a verlas y aceptamos encantados a acompañarles.

No tuvimos que caminar mucho hasta que encontramos el sitio ideal por un motivo importante: tenía un murete que cortaba el viento frío. A pesar de ser agosto nos pillaron días muy frescos en el pueblo burgalés. Lo malo es que nos teníamos que tumbar en duro cemente, en vez de tierra blanda y eso lo notaron nuestras costillas.

Tuvimos más suerte que el año pasado porque vimos muchísimas estrellas fugaces. Uno de nuestros amigos nos contó que, a partir de la una de la madrugada a proximadamente, el cielo se convertía en un no parar de estrellas caídas. No pudimos quedarnos hasta esa hora porque se nos dormían los peques y no nos veíamos cargando con ellos hasta casa. ¡Que ya son muy mayores!

Nos quedamos hasta que vimos el peligro de ensopamiento sobre nuestras espaldas inminente. Es una experiencia muy bonita, pero ya le he comentado a mi señor marido, que si el próximo verano nos pilla de nuevo en Covarrubias, me apunto a verlo desde el patio de la casa de su abuela, que perdemos en visibilidad, pero ganamos en comodidad. Y una, con los años, ya está aburguesada y el confort le suma muchos puntos.

jueves, 18 de agosto de 2016

Fuente Azul, un paraíso en la Sierra de la Demanda

Después de vivir intensamente el antiguo oeste nos fuimos a una paraíso natural: Fuente Azul. Un lugar increíble para pasar el día y darse un bañito.

El agua cristalina y las escarpadas paredes de roca salpicadas de matorrales verdes lo hacen un paraje idea para relajarse. Nos plantamos allí con nuestro picnic y nuestras ganas de pasarlo bien. Sobre todo los niños que no veían la hora de zambullirse alegremente.

En una cueva excavada en la roca está la fuente que da nombre a la zona. Allí recogimos agua fresca para beber, antes de que algunos bañistas se dieran un chapuzón en su interior. Desgraciadamente se hizo famosa por convertirse en la tumba de Alfonso Antxia Rioseco, un espeleobuceador que se empeñó en buscar el fondo de esta fuente y acabó ahogándose al quedar atrapado. Yo sólo de pensarlo me falta el aire.

Daniel se ponía histérico cada vez que entrábamos en la cueva. Supongo que pensaba que la fuente nos absorbería sin remedio. Le explicamos que no pasaba nada por entrara a ver la fuente. Incluso por bañarse en ella si se sabía nadar. Simplemente, teníamos que abstenernos de buscar el fondo de la misma.

De todas formas, yo prefería que mis niños se quedaran en lugares donde hicieran pie. No era difícil porque con el calor loa niveles de agua no eran muy altos.

Lo pasamos genial en la orilla del laguito jugando con las piedras y el árbol. Al final nos quedamos mucho más de lo que pensábamos porque los peques se lo estaban pasando bomba.