jueves, 23 de marzo de 2017

Puente tranquilo en Covarrubias

Al tener tres días a nuestra disposición Raúl no perdió la oportunidad de sugerir un salto a Covarrubias. La verdad es que hacía mucho que no íbamos porque por h o por b siempre nos surgía algo en Madrid, pero justo para el día del padre no teníamos nada que nos atara a la capital así que hicimos las maletas y pusimos rumbo al pueblo.

Por el camino pensamos mil planes para cuando estuviéramos allí: excursiones, museos, pueblos cercanos... Pero poco después de meternos de lleno en el atasco Raúl me confesó que lo que a él le haría ilusión sería pasar un finde tranquilo. ¡Ahí es nada! Un finde tranquilo. Me entró la risa y todo. Pero pensé que en el fondo tenía razón, así que olvidamos nuestros grandes planes para, simplemente, disfrutar del pueblo y de la paz relativa que nos permitirían lo peques.

Nos hicieron unos días espectaculares, así que no faltaron los paseos a lugares más que conocidos, pero que se veían diferente con esa luz tan bonita. El torreón, la colegiata, la princesa Kristina, el camino de las huertas... nunca nos cansamos de verlos.

Como siempre, vivimos mil aventuras en nuestro camino. Con niños, el peligro acecha en cada rincón, cualquier palo es susceptible de convertirse en espada y cualquier piedra en tesoro de incalculable valor que hay que custodiar hasta su destino (en este caso, el fondo del río). Un conjunto de árboles pelados siempre será un bosque tenebroso y una presa un lugar perfecto para explorar. Todo es mil veces más divertido. Para qué negarlo.

Aunque también mil veces más desesperante cuando se ponen revoltosos, desobedientes e irritables. Algo bastante habitual si te empeñas en levantarte antes de que amanezca cada día. No sé que bicho les picó pero se levantaron a horas ridículas todos los días deseando empezar la jornada de juegos y aventuras. Luego a la tarde no había quien los aguantara. Lo mejor de todo es que el primer día de cole no había manera de levantarles de la cama. Total, si es para ir al cole no vale la pena levantarse (palabras del mayor, rebelde sin causa a sus siete años).

También hubo hueco para sobremesas de juegos. Sobre todo el que se había autorregalado papá de Conan, que no podía esperar a estrenarlo. Yo pensaba que sería muy complicado para los niños, pero les enganchó enseguida. No hacían unas estrategias para echar cohetes, pero se manejaban bastante bien para sus edades. De hecho, creo que fui la que más comportamientos infantiles adoptó durante la partida. En una de mis derrotas llamé tramposo a mi marido destilando hiel y poco faltó para que le pidiera el divorcio por atreverse a tal afrenta.

En general, lo pasamos tan bien que cuando nos sentamos en el coche para iniciar el camino de vuelta el mayor aseguró que le daba mucha pereza volver, poniendo voz al pensamiento de todos.







miércoles, 22 de marzo de 2017

Historias para todo el año

Últimamente, mis peques andan un poco obsesionados con leyendas de otros países. En realidad, les encanta todo lo que les presentes en formato cuento, sea de aquí o de allá, pero hacía tiempo que me pedían que les leyera las historias de un gran libro de mitologías del mundo que tenemos por casa y yo sudaba tinta intentando adaptarlas a sus edades. Seamos francos, en estos libros las historias son más bien adultas, sobre todo si nos metemos con las escandinavas, hindúes o egipcias que son bastante difíciles de comprender a los cinco y siete años. Así que cuando SM me ofreció "Historias para todo el año. 52 cuentos y leyendas de todo el mundo" casi me pongo a botar loca de alegría. Justo lo que necesitaba. Contaba los días para que cayera en mis manos. Y cuando llegó me enamoré locamente del libro de portada alegre.

Lo mismo pasó con mis chicos. Daniel lo encontró antes de que pudiera mostrarselo y vino corriendo hacia mí con él en las manos. "¿¿Y esto??", me preguntó con una gran sonrisa. "Eso es para esta noche en la hora del cuento", le contesté con una sonrisa idéntica a la suya. Frenó en seco y se alejó de mi prudente. "Pero me lo puedo quedar ahora. ¿No?",  afirmó más que preguntó mientras corría hacia su habitación con su nuevo tesoro entre las manos. ¡Claro que podía! No seré yo quien le arranque un libro de las manos. Me parece algo antinatural. Pero no consiguió convencernos para que le leyéramos las historias hasta la noche porque andábamos liados con los quehaceres diarios (que no por falta de ganas).

Por fin llegó el momento y bañados, empijamados y muy risueños, comenzamos con la hora del cuento. El libro está estructurado por meses, en los que se organizan los cuentos en torno a fechas especiales del calendario. La idea era leer sólo el más próximo al día en que nos encontrábamos, pero fue imposible porque pedían más y más.

Las coloridas ilustraciones les llaman muchísimo la atención a mis churumbeles, que no se cansan de mirarla y de preguntar sobre ellas. La selección de cuentos nos fascina a todos. Algunos ya los conocíamos y otros muchos son nuevos para nosotros.

A los peques les encanta el cuento de fantasmas más corto del mundo. Siempre que lo leemos ponen cara de suspense y nos partimos de la risa. Por ahora, es el único que hemos repetido. Cada noche elegimos los que más les llaman la atención sin atender a fechas porque, por lo visto, va en contra de su espíritu libre. Y nos quedan muchísimos para llenar nuestras noches de cuentos y aprender sobre otras culturas.

El próximo libro que va a pasar a formar parte de nuestra biblioteca va a ser Los cien mitos griegos de Ático contador de historias, que nos recomendaron desde Hacemos lectores y creo que también va a enamorar a mis peques. Personalmente, la mitología griega es una de mis preferidas.



martes, 21 de marzo de 2017

Juego sensorial callejero

Mis niños me demuestran cada día que todo puede sorprendernos y convertirse en un divertido juego. Una tarde, volvíamos del parque bastantes cansados, cuando Daniel cogió un palo que encontró en su camino. Esto no es nada sorprendente. Más bien es lo habitual. Mis retoños van cogiendo cuanto tesoro encuentran en el camino para luego suplicarme todo el camino entrarlo a nuestro humilde hogar. El 90% de las veces se quedan fuera bien escondidos para recogerlos cuando vuelvan a salir, pero nunca se acuerdan de ir a por ellos (por cierto, que no se acuerden nunca es culpa mía según su versión. Todavía espero el día en que algo no sea culpa mía).

El caso es que cogió el palito y empezó a rozarlo con los barrotes de metal de la valla. Yo no estaba para muchas fiestas y le pedí que parara. El chiquillo retiró el palito, pero comenzó a golpear la valla por la barra superior muy emocionado. "¡Que pares!", le exigí con algo menos de amabilidad.

Mi primogénito se guardó el palo a su espalda por si corría el riesgo de perderlo, me miró dolido y me soltó: "Pero mamá, si es música. ¿No te gusta la música?"

Se me encogió un poquito el alma. Le expliqué que sí que me gustaba la música, peeero... Y hasta ahí pude leer por el peque salió corriendo hasta un tobogán que teníamos a medio camino de casa y lo subió y bajó sin dejar de dar porrazos y siguiendo su peculiar ritmo.

Viendo que perdía la batalla, decidí salvaguardar algo de mi dignidad perdida. "Está bien Daniel. Puedes hacer música, pero bajito". El peque me lo prometió (supongo que cruzando los dedos sin que yo le viera) y se lanzó a experimentar con nuevos sonidos en una rejilla del suelo, las baldosas de la calle, los árboles, las papeleras... Y todo lo que pillaba.

A todo esto, Iván se acababa de dar cuenta de que eso que hacía hermano tenía pinta de ser divertido y me pidió con ojitos de bambi que le ayudara a buscar otro palo que pudiera usar a modo de baqueta.

No tardamos mucho en encontrarlo y entonces me encontré con un dúo descontrolado. Menos mal que cambiaban de escenario cada minuto y no creo que molestasen mucho a los vecinos. Sólo espero que no despertasen a ningún bebé de la siesta, aunque la hora no era muy comprometida. Iván descubrió que bajando y subiendo la cremallera de su chaqueta también hacía música y se le iluminó la cara al poner su granito de arena original y no copiado de su hermano.

El espectáculo estrella del show fue tirarse doblados por una barandilla mientras golpeaban los barrotes a la vez que caían. ¡Ole que nivel!

Los palos no entraron en casa para desconsuelo de los niños. Una vez dentro se pusieron cómodos y cada uno se fue a los suyo olvidando su faceta de músicos callejeros. Menos mal porque me daba miedo pensar todo lo golpeable y frágil que tenemos a su alcance.

Con este post participo en el reto de Ruth 50 juegos sensoriales. En esta ocasión nos tenemos que centrar en el oído. ¡Anímate y participa!

domingo, 19 de marzo de 2017

Sorpresas del día del padre

Como viene siendo habitual, el día del padre se trasladó al mismo día en el que los niños salen del cole enarbolando sus regalitos alegremente. Iván venía con una lámina envuelta en papel celofan y Daniel con una tarjeta con forma de me gusta de Facebook (que deformación jajaja). Cuando el mayor vio el presente de su hermano tan colorido y bien envuelto le dio un poco de vergüenza el suyo, pero enseguida le hice ver que el esfuerzo de escribir con una letra tan bonita ¡y en inglés! era una maravilla. A papá le iban a encantar ambos regalos.

Cuando llegamos a casa, tras una jornada de parque, nos encontramos con que papá ya había llegado y esperaba sus detalles como agua de mayo. Se sentó con los chiquillos en el sofá y alabó la tarjeta mano de Daniel con entusiasmo, igual que al foto decorada que le puso el más pequeño en las manos. Son regalos que inspiran mucha ternura. El mayor había dibujado a Raúl y le había escrito "I love you Daddy. Papá eres muy bueno y muy divertido. Iván, por su parte había escrito "Te quiero mucho" con letras muy grandes y claras. Quién no se derrite. A eso le sumamos que estaban los dos achuchando a su progenitor como si no hubiera mañana.

Cuando pasó el momento amor máximo, anuncié que yo también tenía una sorpresa que tenían que entregarle los peques. Saqué una gran caja y faltó poco para que la estrellaran contra el suelo de la emoción. "Esta caja está llena de grandes momentos que aún no ha pasado", leyó mi marido, se echó a reír y aseguró que tenía miedo de lo que iba a encontrar dentro. Me cree capaz de todo. Leyó la segunda nota, "Para el mejor papá del mundo" y abrió la caja muy sonriente.

Dentro encontró muchas sorpresitas y más notas. En una caja de Lego Creator 3x1 ponía "Diversión sin límites con Daniel e Iván", en unas yemas "un placer muy dulce", en una bolsa de frutos secos asados al horno, "Rico, rico", y en dos cervezas escocesas (la más raras que encontré) "para compartir con mamá". ¡Le encantó su regalo! La de momentos que íbamos a compartir. Empezando por las yemas que fue lo primero que abrió. Estaban de muerte...

La idea de la caja de grandes momentos de la copié a Mamistarblog (¡Muchas gracias Mónica!). La contó en un post y me pareció todo un acierto y de lo más original. Así que al día siguiente me hice con las cositas que pensé que le gustarían y monté la caja. Me hubiera gustado que los peques hubieran participado y elegido alguna cosilla, pero no dio tiempo. Una pena. Aunque les encantó todo lo que metí... Menos las cervezas jajaja Pero esas nos van a gustar a papá y a mí.




sábado, 18 de marzo de 2017

Ordenadores de cartón

Alucino con la creatividad e imaginación de mis dos peques. Una tarde, llegamos al parque y, nada más sentarme en el banco, Daniel encontró un tesoro. "Mira mamá", me dijo señalándome un trozo de cartón doblado por la mitad, "¡¡Un ordenador portátil!!". Sin pensárselo dos veces sacó su estuche de la cartera y se puso a customizar su hallazgo.

Iván se quedó mirándolo verde de envidia y me miró con ojitos de bambi. Enseguida localicé una caja de cartón bastante rota tirada muy cerca del banco. La rompí hasta conseguir otro "portatil" para el pequeño.

Al principio Daniel vio con malos ojos que le copiara la idea, pero al final cedió y hasta le ayudó con su proyecto. Yo también me sumé y les indiqué si se habían saltado una letra o que más podían poner en sus pantallas y teclados. Nos pasamos una buen rato con esta actividad tan divertida. Hasta que llegaron los amigos de los peques y se fueron con ellos a jugar. El mayor no tardó ni un minuto en acudir al contenedor de cartones. "Vamos a hacernos nuestro laboratorio", me informó muy feliz. ¿Y qué puedo hacer sino dejarle? ¡Es que estamos hablando de un laboratorio!

El pequeño se quedó a mi vera trabajando en su portátil y aún tardó un poco en sumarse a los de su clase para hacer el cabra alegremente entre los columpios.

Como no podía ser de otra manera, al final acabaron ambos ordenadores de cartón en casa.

Con este post participo en el reto 3Rmas1 con arte del blog By Terenya. Si quieres saber mas pincha en el enlace y participa :D


viernes, 17 de marzo de 2017

Mindfulness en Yogarati con Inés Merino. Segunda parte

En la tercera y cuarta clase de Mindfulness en Yogarati, impartido por Inés Merino, seguimos incidiendo en la importancia de la respiración. Nuestra profesora nos dio dos opciones más, la respiración de las piedras y la del cuadrado. Así, cada noche, les dejo elegir a los peques la que más les gusta y así hacen el ejercicio con más gusto. La que más triunfa por ahora es la de seguir la línea de los dedos al ritmo de las espiraciones e inspiraciones. Supongo que es porque necesitamos la participación de papá.

También seguimos con las metáforas y ejemplos para enseñar a los peques como nos afectan las emociones. Me encantó que las comparara con burbujas para hacerles ver que no duran para siempre. Y con un arco iris para explicarles que todas tienen un comienzo, un punto álgido y un final. Mediante juegos y dibujos los chiquillos asentaron mejor todo lo que nos iban explicando.

Tampoco faltaron los cuentos. Muy visuales para enganchar mejor a los niños. Con ellos les hizo ver que las emociones tienen consecuencias físicas y que si las conocemos lograremos identificarlas mejor y controlarlas en la medida de lo posible. También les enseñó que en el cerebro tenemos una serie de islas en las que englobamos nuestro yo, la gente a la que queremos, la gente que conocemos, pero que nos son indiferentes, y la gente que no nos quiere y que a veces podemos acercar a la isla amiga si vemos la explicación a su comportamiento (empatía y comprensión).

Para dejar más claro el tema de las emociones y sus consecuencias físicas hemos dibujado síntomas en la silueta de un niño y luego el resto teníamos que adivinar lo que le pasaba. podíamos preguntar en qué situación se hallaba o pedirle más detalles. Es un juego muy divertido que nos convierte en detectives de las emociones.

No faltaron las actividades relacionadas con los sentidos. En una clase, nos tapamos los ojos y nos reímos muchísimo escuchando, oliendo y probando Peta Zetas que estallaban y chisporroteaban y en otra disfrutamos plenamente de un delicioso bizcocho de limón. A mis chicos les encanta este juego.
Les fascinó la experiencia con los Peta Zetas porque les explotaban en la mano y les hacía cosquillitas, escuchaban los estallidos, olía muy bien y estallaban en la lengua. Fue muy divertido.

En la última clase hicimos dos juegos muy chulos para enseñar a los peques a relativizar los problemas derivados de las emociones. Algo extremadamente difícil, pero que la profesora consiguió de forma admirable enseñándonos cómo los pensamientos negativos se quedan en nuestro cerebro con más persistencia que los positivos gracias a unos papelitos que rellenamos y una sartén. No sé como lo hizo. De hecho, lo he intentado y no conseguido que los malos se queden pegados (magia de la profe). También hicimos manualidades y creamos unos impermeables a partir de bolsas de basura para que no nos afectaran demasiado los estímulos externos negativos.

Estoy muy contenta con las clases. Aunque Daniel no estuvo muy receptivo la mayor parte del tiempo, luego en casa sí que está haciendo los ejercicios de buen grado. Encima la profesora sabe como motivarles, le ha regalado un mandala con pegatinas que brillan en la oscuridad para que las vayan pegando según hacen los ejercicios. Se han enamorado de sus mandalas estrellados. Tanto es así que ya estoy buscando más pegatinas fosforescentes para comenzar otro cuando se nos acabe este.

También les ha dado un muñeco de madera que se llevan a todas partes para acariciar cuando se sientan intranquilos y un anillo hecho con limpiapipas con un mensaje oculto para que confíen en ellos mismos y sean consciente de que todo pasa, lo bueno y lo malo.

Durante todas las sesiones nos ha ido enviando emails con explicaciones más detalladas y audios hechos por ella, muy útiles, que les pongo a los niños cuando ya están en la cama y que les relaja muchísimo. Vamos, que ha sido un taller completísimo y que me da una pena tremenda que se haya acabado. En casa tenemos los preciosos diplomas que entregó a los niños en la última sesión. Y a los peques no se les olvida ni una noche reclamarme nuestro momento mindfulness.


jueves, 16 de marzo de 2017

El misterio de la muerte

Daniel se ha iniciado en la novela negra. Un día salió del cole enarbolando un folio un folio doblado por la mitad. "¡He escrito una novela de misterio!", me explicó entusiasmado. Cogí su obra maestra emocionada y casi me sangran los ojos con las faltas de ortografía. Teniendo en cuenta que sólo tiene siete años no se las voy a tener muy en cuenta, pero no podía evitar comentarlas a medida que avanzaba el relato. Cosa que molestaba sobremanera al primogénito de la familia.

Entre mis correcciones y sus protestas airadas acabé mi lectura y le felicité por su gran historia. "Aunque..." añadí. "¿Aunqué...?" repitió el peque un poco mosca. "Yo diría que falta le móvil" apunté debilmente para no frustrar su vena creativa. "Ainss, mamá, no tenía móvil" me espetó con cara de pocos amigos. "Ummmm... me refiero que no pone por qué lo mató", le expliqué en pocas palabras. "¿Y qué?" fue su contestación, "¿Eso que importa?".

"Eeeeh... Hombre... Pues... Bueeeno. No estaría mal saber por qué lo mataron, peeeero, no puedo negar que así queda más... ummm... original". Con eso ya se quedó contento. "Sí, mami", sonrío, "es la novela de misterio más perfecta". Le faltó añadir del mundo, pero sé que lo pensó. Le conozco como si le hubiera parido.

A continuación transcribo la historia omitiendo las faltas de ortografía:

"Yo soy mister Do y al entrar en mi oficina hoy... Ring ring. Y yo respondí "qué pasa" y me dijeron que ¡Habían asesinado a una persona! Yo fui corriendo a la escena del crimen y vi una pistola y manchas de sangre y vi una huella de persona. Y llegaron a un cobertizo. Y ahí vivía el culpable. Y lo vi durmiendo y lo atrapé. Y lo envié a la policía. Fin."

Quizás el asesino nos cuente por qué lo mató en una segunda parte. Quizás...