viernes, 30 de septiembre de 2016

Cunpleaños de Daniel e Iván: Una aventura científica

Por fin llegó el día señalado, la fiesta de cumpleaños de Daniel e Iván con sus amigos. Sí, lo sé. Esto de los neverending cumpleaños es una locura, pero así es más manejable la cosa. El caso es que todos los años hago una fiesta temática para mis churumbeles. Como me cuesta un gran esfuerzo juntamos las dos celebraciones en una. Luego ya tienen cada uno su día especial con la familia para sentirse aún más protagonistas.

El caso es que les dije que invitaran a cuatro niños máximo por cabeza porque ya habíamos tenido cumpleaños multitudinarios en casa y son un agobio. Aceptaron más o menos de buen grado mis restricciones y cada uno me dijo su lista de invitados: Daniel sus cuatro e Iván me nombró sólo a dos. Perfecto.

Me interesaba una cifra pequeña porque en esta ocasión quería hacer algo especial: un juego. Si eran muchos se me iría de las manos. El miércoles di los últimos toques y me preparé emocionada a que fueran llegando los invitados. Lo primero que hacían al llegar era investigar la curiosa decoración con mi hijo mayor de cicerone y luego se lanzaban de cabeza a la mesa de las chuches. Una tentación irresistible.

Su tercera acción era buscar los juguetes y, claro, ponerse a jugar. Les dejé un buen rato disfrutando de tiempo libre. Se lo estaban pasando tan bien que daba pena cortarles el rollo, pero al final les llamé para empezar el juego porque tampoco quería que se hiciera muy tarde. Al día siguiente había cole y tenían que madrugar. Sorprendentemente vinieron enseguida. Estaban deseando empezar la aventura científica.

"Estamos en un laboratorio y tenemos una misión muy importante", les expliqué, "Debemos hacer llegar un cohete a la luna antes que nuestros competidores: el grupo científico de Los Merluzos. Para conseguirlo vamos a tener que trabajar muy duro y pasar muchas pruebas. ¡Empecemos por el principio! Necesitamos combustible para nuestros cohetes. ¿Alguien sabe qué usan los cohetes para funcionar?" alcé la voz
"¡¡Gasolina!!", gritó uno de ellos.
"Muy bien", le felicité. En realidad no tengo ni idea de lo que usan los cohetes normales, "Pero el nuestro es ecológico y usa nieve, pero como ahora no hay nieve en las montañas...", "Sí, que hay", me aseguró otro niño emocionado. "Estoooo, errr... Pero como no vamos a ir a por ella porque está muy lejos, la haremos nosotros mismos. Si seguís mis instrucciones tendremos nieve artificial para nuestro cohete", aseguré con una gran sonrisa.

Saqué todos los materiales del primer experimento: agua en probetas, botes y un pañal. Las probetas tenía el agua justa para que le cupieran en los botes sin derramarla. Lo tenía todo calculado para evitar posibles accidentes, aunque, aún así hubo alguno y hubo que echar mano al dispositivo de emergencia: un rollo de servilletas.

Los peques se mondaron cuando puse los pañales sobre la mesa. Los recorté rápidamente para recoger el polvillo absorbente que se convierte en polímeros, pero, oh oh, no lograba encontrarlo. Eran unos pañales que tenía por ahí desde hacía mucho tiempo, así que a lo mejor estaban algo defectuosos. Sin perder la sonrisa les dije: "Bueeeno. Poned el algodón que algo de polvillo habrá", los chiquillos me hicieron caso emocionados. "Yo sé lo que pasa. He hecho este experimento", aseguró uno de ellos muy ilusionado, "Se vuelve gelatina". Le di la razón, tapé los botes y los puse de lado con muy pocas esperanzas de que saliera algo de ahí.

Entonces me di cuenta que ni les había repartido las hojas de personajes, ni sus batas de protección, ni nada. Que desastre. Pero como nunca es tarde, me giré hacia ellos con las fichas, los lápices y las gomas pidiéndoles que se buscaran un nombre y se crearan sus personajes. Les encantó la actividad y dieron rienda suelta a su creatividad, aunque algunos se limitaron a poner su nombre. Daniel lo flipó y se hizo un supercientífico cazador de zombies con habilidades superchulas y objetos exterminadores (demasiados juegos de rol en su vida). Les dije que esa era su ficha de identificación y que sin ella no podían moverse por el laboratorio, así que era muy importante que la conservaran. También les invité a que se pusieran sus batas de protección (unos chubasqueros de un solo uso) para seguir con la misión. Se lo pasaron en grande caracterizándose de científicos, pero como les quedaba muy grande, algunos acabaron por quitársela.

Subsanado el error continuamos el juego. No encontrábamos los planos del cohete, así que tuvieron que tirar los dados para ver si encontraban una pista de su paradero. Las tiradas fueron fatales y estuve a punto de decir algo así como "Alguien ha metido el plano en el desintegrador de protones y se ha perdido para siempre", pero fui bondadosa y les dejé encontrar la nota en la que Los Merluzos nos indicaban que nos los habían escondido. Pedí un voluntario para leerla y Daniel casi me la arranca de las manos. Me sorprendió bastante porque no le gusta nada leer, pero si es un juegos se ve que sí se anima. Con la nota venía un papel en blanco bastante sospechoso. Acerqué un mechero encendido al papel y poco a poco fueron apareciendo unas letras misteriosas (jugo de limón) que juntas formaban la palabra: Sofá. Se tiraron en banda sobre el sofá a buscar el plano. Siete chiquillos buscando y les estaba costando, así que les hice el juego de frío y caliente hasta que dieron con él.

Pasamos al siguiente experimento. Para poner en marcha el motor necesitábamos una reacción química muy potente. Muchos exclamaron que eso parecía algo muy peligroso, pero les tranquilicé diciendo que en ese laboratorio todo era muy seguro. Les repartí botes con leche que algunos aprovecharon para beberse... hasta tres veces... colorante alimentario, pipetas, bastones para los oídos y dos boles de plásticos con fairy. Les pedí que pusieran una gota de colorante en la leche y la tocaran con el fairy ayudándose de los bastones. Con la emoción la mayoría llenó de colorante su leche y no le salió el experimento. Sólo tres lograron la reacción química. Suficiente para poner en marcha el motor.

Pero el motor estaba sin montar, así que teníamos que llenar el tubo de fricción termonuclear con las piezas (pelotas en un cesto principalmente). Ahí se animaron muchísimo. Mi idea era hacer una fila, pero fue mas divertido hacerlo todos juntos al pelotón y a la distancia que cada uno consideró oportuna. Con el objetivo cumplido les invité a volver al laboratorio, pero, oh sorpresa, Los Merluzos nos habían llenado el suelo de huevos y teníamos que pasar pisando sobre ellos. Justo ahí me di cuenta que los cartones que había comprado tenían salientes muy pronunciados entre huevo y huevo. Nada que no pudieran solucionar unas tijeras.

Les pedí a los científicos que se quitaran los calcetines (los zapatos ya se los habían quitado hace tiempo) y que pasaran sobre los huevos uno por uno. Gracias a los padres asistentes los calcetines se dejaron ordenadamente en el sofá mientras desfilaban sobre el material sensible. Un padre aventuró que serían huevo duros, pero quedó demostrado que no cuando se rompió uno que tenía pegada tierrecita. Se ve que para que funcione el invento tienen que estar limpitos. Nos vino bien para dar más énfasis al fenómeno. Los peques fliparon con esta prueba.

Ahora venía una prueba de habilidad para probar que sabrían usas correctamente los mandos. Les di un palo de brocheta, soplamos unos globos sin hincharlos demasiado y les expliqué que íbamos a pinchar los globos sin explotarlos. Todos me miraron con incredulidad y se taparon los oídos. Pero tras un rato de darle vueltas a la brocheta sobre el globo lo conseguí y me miraron alucinados. "El truco está en pinchar en el nudo o en la parte de atrás del globo justo enfrente del nudo que es donde menos se estira la goma". Y en no inflarlos mucho porque algunos estallaron por ese motivo. Creo que fue el experimento que más les gustó con diferencia.

Finalmente, ya estábamos preparados para la misión, así que les repartí pompones y les pedí que los tiraran a una luna que había pegado con celo de dos caras a cinta de embalar transparente, dejando la parte pegajosa por fuera para que se pegaran los pompones que los niños tiraban encantados. Tanto les gustó que me pidieron que los despegara para volver a empezar.

Como lo habían hecho muy bien les di diplomas, insignias para pegar en sus fichas o diplomas, bolsitas de chuches y un juguete muy cachondo que consistía en un globo y una hélice. Al soltar el globo el aire subía por los aires moviendo la hélice.

Si queréis el juego sólo tenéis que pinchar aquí
Los diplomas aquí, las fichas aquí, aquí, aquí y aquí. Y las insignias aquí

Tras la entrega de premios les pedí que se fueran a jugar un rato para limpiar la mesa y prepararla para la tarta. Enseguida estuvo todo listo y llamamos a los niños para soplar las velas. Había comprado unas velas estilo bengala, pero mi marido me riñó profusamente cuando se leyó las instrucciones. Le parecieron muy peligrosas para tantos chiquillos inquietos cerca y les hizo alejarse bastante para evitar quemaduras. Yo me sentí un poco insensata, pero las caritas flipadas de los peques me quitaron todos los males. Cuando se apagaron encendimos las velas normales y les cantamos el cumpleaños feliz... unas cuantas veces.

La entrega de regalos comenzó antes de lo previsto porque nos dimos cuenta de que Iván había empezado a abrir los suyos por su cuenta y riesgo. Así que nos juntamos todos en una operación de emergencia antes de que empezara con los de su hermano. Los invitados acertaron de lleno y mis hijos lucían unas tremendas sonrisas de oreja a oreja. El coche teledirigido que le regalaron al más peque lo estrenaron al momento, pero los Legos decidió el padre que era mejor dejarlos para más tarde para evitar pérdidas de pieza. La desilusión fue grande, pero la decisión del progenitor fue inamovible, así que se conformaron con seguir jugando con sus juguetes de siempre hasta que se fue el último invitado.

Entonces cenamos (un cola cao y listo) y montamos los Legos con los peques. Se fueron a dormir un poco tarde, pero, al fin y al cabo, fue un día especial.



jueves, 29 de septiembre de 2016

Las tartas de los cumpleaños

Como ya me había currado el juego científico, este año no me he currado mucho la merienda. ¡No se puede sacar tiempo para todo! Así que me hice con un buen arsenal de chuches, pensé en hacer unos sandwiches y listo. Al final los sandwiches acabaron siendo en pan de pita porque no encontraba el paquete de pan de molde que acababa de comprar. Soy así de desastre, pero gustaron bastante. Al menos fueron más originales.

Raúl me sugirió que comprara las tartas de los chiquillos, pero me daba pena romper la tradición, así que opté por las recetas más sencillas que conozco y llamé a los peques para que me ayudaran. Primero me puse con la de tres chocolates. Iván se presentó voluntario sin dudarlo, pero Daniel estaba ocupado con sus cosas y pasó de nosotros. Mi minichef y yo lo pasamos bomba mezclando ingredientes en la thermomix... y comiéndonos la materia prima, que estaba buenísima. Le guardamos a Daniel para no ganarnos su odio eterno. El chocolate tira mucho.

Terminamos y la metimos en la nevera. Iván daba saltitos de alegría. "Y ahora la otra" dije yo, "Otraaaaa" exclamó el chiquitín. "Mejor me voy a jugar", me aseguró abandonando la cocina sin mirar atrás. Ya había tenido bastante por hoy.

Menos mal que Daniel le tomó el relevo. Se ve que ya había terminado de hacer cosas importantes y estaba más que dispuesto a ensuciarse las manos de nocilla. Porque la otra tarta era la típica de obleas y nocilla. La que sabe a huesitos. El mayor me estuvo ayudando mientras hablábamos de nuestras cosas. una capa y otra y otra más. Cuando decidí que ya tenía suficientes capas, el chiquillo saltó de su silla de la alegría. ¡Habían sobrado obleas! ¡Yujuuuu! Por supuesto esa noche nos las tomamos para desayunar, si no le da algo. También pusimos la tarta de nocilla en la nevera para que se endureciera.

Hasta poco antes del cumple no vimos la oportunidad de decorarlas. Con pasta de colores puse en una tarta "Felicidades Daniel" y en la otra "Felicidades Iván". Les puse chuches y fideos de colores cerca y les di plena libertad para crear. Uno de los amigos de Daniel, que llegó pronto, se unió a la actividad repostera. No pasó mucho hasta que las letras fueron borradas y cubiertas por un torrente de chuches y fideos. Quedaron perfectas para la ocasión.



miércoles, 28 de septiembre de 2016

Supercumpleaños de Daniel en las fiestas de Covarrubias

Como cada año, el cumpleaños de Daniel ha coincidido con las fiestas del pueblo de Raúl, Covarrubias, así que nos hemos metido todos en el coche y hemos puesto rumbo a la jarana, como no podía ser de otra manera. El primogénito iba contentísimo asegurando que iba a extender su día especial a todo el finde, pero el pequeño iba rabioso de envidia y celos con lo que la situación era un poco difícil de lidiar. Vamos, lo típico en nuestro día a día.

Afortunadamente, en ese momento, nada podía arruinar a Daniel su emoción porque él sólo pensaba en su deseado Zombicide. Había rogado años porque se lo regaláramos. Desde que mi hermano le enseñó el suyo hace ya muchas navidades. Y por fin iba a ser suyo. Bueno, la versión medieval Black Plague que viene con menos sangre y eso los agradecen unos padres preocupados por darle a su niño de siete años recién cumplidos un juego claramente de adultos.

Mi idea era dárselo el sábado después de comer y soplar las velas, pero el ansia del peque era tan grande que desde por la mañana ya rogaba porque se lo diéramos. No tuvimos corazón para negarnos y le entregamos el gran paquete. La sonrisa fue de órdago. Lo estuvo contemplando extasiado un buen rato, hasta que su hermano quiso coger las figuras para jugar. Y ahí empezaron los problemas. Antes de que la pelea se convirtiera en la tercera guerra mundial les convencí para que nos lanzáramos a la calle a descubrir que actividades nos íbamos a encontrar en la plaza con motivo del día del niño. Salieron de casa muy animados, pero al llegar nos encontramos con todo por montar y unos organizadores agobiados porque aquello se estaba llenando de niños y aún no tenían nada que ofrecer.

Les propuse dar un paseo, pero ellos prefirieron jugar a Zombicide con la imaginación. Daniel nos proponía misiones y nosotros teníamos que cumplirlas. Todo fue bien hasta que el mayor dejó de conformarse con sólo dar instrucciones, pasó a la acción y nos mató antes de completar la misión. Al pequeño casi le da un ataque de rabia. Menos mal que a esas alturas ya habían inflado un castillo hinchable y pude volver a despistarlos de la tragedia que se cernía sobre nuestras cabezas.

Se tiraron al castillo de cabeza mientras, poco a poco, todo iba tomando forma a nuestro alrededor. Brincaban de un lado a otro como si no hubiera mañana hasta que vieron algo que se convirtió en su objeto de deseo desde el primer vistazo: una especia de pista de agua que terminaba en piscinita. Evidentemente no íbamos con bañador, pero los peques enseguida se quedan en ropa interior si la aventura promete.

Mientras el padre los lanzaba por la resbaladiza pista, yo corría que me las pelaba a la casa para pertrecharme de toallas y calzoncillos secos. Estuvieron un buen rato en la atracción de agua. El primero que se aburrió de deslizarse fue Iván. Le cambié en un banco y nos fuimos a investigar en la zona de juegos. El hinchable de agua se llenaba cada vez más y más de niños... hasta que Daniel se chocó con otro y salió de allí dolorido. Menos mal que se le pasó rápido. Le cambié también y se fue de cabeza a los hinchables, aunque pronto estaban los dos hermanos en la zona de juegos. Era difícil hacerse con uno porque la asistencia era bastante numerosa, pero con paciencia (de los padres, porque a los niños les podía el ansia, como es lógico), creo que acabamos probando todos. Me encantó ver como muchos niños hacían juego colaborativo y los compartían.

Fue una mañana espectacular. Y fue una suerte que los peques se cansaran de tanta actividad justo antes de que empezara la sardinada. Cambiamos de plaza y fuimos, como todos los años, a por nuestra sardina con pan y nuestro vinito, esto último sólo para los adultos.

Poco después de acabar con nuestro delicioso aperitivo empezó la fiesta de la espuma, en la que Daniel lo dio todo, pero Iván no quiso ni acercarse. Prefirió quedarse en la zona de videojuegos viendo como jugaban otros niños. Algo que no entiendo pero respeto. Si ganas me daban a mi de tirarme de cabeza a la espuma, pero no lo hice porque la jauría infantil me daba miedito.

El mayor acabó de espuma hasta las orejas. Ropa y playeras empapadas. Salimos zumbando hacia casa para que no nos cogiera una pulmonía triple. Allí celebramos su cumpleaños con una estupenda comilona. Y entonces fue cuando se le cruzaron los cables y se portó fatal. Casi daban ganas de abortar la misión y dejar el cumple para otro día, pero seguimos adelante. Tras la problemática comida decidimos que lo mejor era dejarles ver la tele un rato para que se relajaran. Pero no dio tiempo a mucho porque enseguida oímos que se acercaba la cabalgata y salimos a verla.

Raúl propuso ir a dar una vuelta y encontrarnos la cabalgata por las calles del pueblo para variar de otros años que la veíamos desde la terraza, pero nada más salir, Daniel avistó a un primo suyo y salió corriendo tras él. Evidentemente, yo también eché a correr para que no se me perdiera de la vista. Recorrimos la cabalgata hacía delante y hacia atrás, mezclándonos con personajes de cuento, monstruos, bañistas, fantasmas, vikingos, pistoleros... Todo un derroche de imaginación. Unos demonios se encararon con los que aún quedaban en la terraza para gozo de Iván que se partía con los tridentes y los gritos de "a la hoguera", los vikingos persiguieron a Daniel dando terribles gritos de guerra, los pistoleros grababan escenas de El Bueno, el malo y el feo en cada esquina... Fue divertidísimo.

Al final nos juntamos de nuevo con Raúl, Iván y unos amigos y nos fuimos a la plaza mayor a tomar algo, momento en el que aprovechó Daniel para desaparecer con un grupo de niños. No me hizo mucha gracia, pero acabé por aceptar que tenía que irse a vivir un poco su vida, massss o menossss. Iván aguantó un rato en la terraza, pero enseguida me puso ojitos para que le llevara a casa a descansar y allí lo dejé con su bisabuela para reunirme de nuevo con los amigos y tomar otra mientras escudriñaba entre el gentío que se arremolinaba para disfrutar de la verbena.

Admito que me lo pasé muy bien, aunque no me hiciera gracia perder al mayor durante tanto tiempo. Cuando los de la verbena hicieron el descanso para ir a cenar lo volvimos a encontrar contando historias para no dormir sobre petardos. Se lo había pasado genial.

Fue un finde genial y hasta nos dio tiempo de estrenar el Zombicide Black Plague con la partida tutorial. El mayor, por su parte, aseguraba que había sido el peor cumpleaños de su vida porque entre todo lo que pedía por esa boquita le dijimos que no a varias cosas. Lo suyo ya era aprovecharse de la situación descaradamente. Muy seria le aseguré que yo tenía en mi poder unas fotos que aseguraban justo lo contrario. Que se lo había pasado bomba. Contra mis pruebas no tuvo nada que hacer.






lunes, 26 de septiembre de 2016

"No me dejes Sola", un Gin con Marisa Casas

Nuestra querida madre más estresada, Marisa de Madres estresadas, se lanzó a la piscina y nos dedicó una excelente charla sobre un problema social que está más extendido de lo que creemos: los malos tratos. En esta ocasión, no hablábamos de daños físicos, sino de heridas psicológicas que parece que no  matan, pero tardan más en curar.

Todo se le vino encima de la manera más inocente. Se crea un grupo de madres blogueras estresadas y, poco a poco, construyen entre todas una comunidad que tanto sirve como plataforma de debate, gabinete psicológico o para echarse una risas. Quien pertenezca a una comunidad como ésta sabrá a qué me refiero. Y quien no, se lo aconsejo. hay días en los que se convierten en tu única válvula de escape. Yo no tengo problemas serios: En mi familia nos queremos, no me muero de hambre, nadie de mi entorno se ha dado a las drogas... Sólo hay algún problemilla de salud en mi entorno, pero de eso nadie se libra, por desgracia. Y aún así, necesito a mis blogueros cuando la realidad me supera y veo que no llegó a todo, que nada me sale como quiero, que me pueden las obligaciones... Y soltarlo todo, que te escuchen y te comprendan, aunque sea en la distancia ayuda, ayuda mucho porque te das cuenta de que no estás sola.

No puedo ni imaginarme cómo se sintió la protagonista de la historia de Marisa cuando se encontró a las madres estresadas. Para ella debió ser la luz al final del tunel. Todo empezó cuando nuestra bloguera ponente se dio cuenta de que a una integrante de la comunidad le costaba regalarle la sonrisa que ella podía todas las mañanas. "Hoy no me sale la sonrisa", contestaba día sí y día también.

Llegó un punto en que Marisa se obligó a plantearse muchas cosas importantes: ¿Puedo ayudarla? ¿Será una persona real la que hay detrás de este usuario? ¿Le pasará algo realmente grave?... La más importante de todas las cuestiones que le surgieron fue la primera. Consultó con mucha gente antes de tirarse al ruedo y le contestaron que no la dejara sola, pero que nunca le prometiera nada que no pudiera cumplir, por ejemplo que iría a buscarla si la cosa se ponía difícil. Eso era imposible porque vivían a 400 kilómetros de distancia, entre otras cosas.

Nuestra Marisa decidió mojarse, eso sí, con cautela. después de todo sólo se conocían por internet. Pronto, la protagonista de la historia abrió su corazón a la comunidad que la escuchaba y valoraba y salió a la luz que su pareja la despreciaba y manipulaba psicológicamente. Era una chica con poca suerte porque su anterior pareja, incluso su padre, la habían tratado también como si no valiera nada. Y eso pensaba ella. Se movía por la vida pidiendo perdón por existir y dando gracias por cada caricia que le caía. Lo peor de todo es que estaba convencida de que su situación era normal y que realmente era torpe, lerda y una molestia a la que hacían el favor de aguantar.

Sus amigas la escucharon, la apoyaron, intentaron convencerla de lo contrario, le dieron cariño, incluso se enfrentaron a ella dando lugar a enfados por ambas partes. No siempre se puede ir con pies de plomo cuando lo que te cuentan clama al cielo. Pero poco a poco, muy poco a poco, lograron hacerle ver que el inútil molesto de su historia no era precisamente ella. Por sus hijos y por ella misma le ayudaron a salir de una espiral de miedo, angustia y frustración. A día de hoy puede ir a tomar un café con las amigas sin miedo y tomar sus propias decisiones. Parece algo que está al alcance de todos, pero no es cierto. Muchos viven una realidad de servilismo de la que les es muy difícil escapar, precisamente porque están convencidos de que se merecen todos los feos, ultrajes, desprecios...

Esta chica tuvo mucha suerte porque, hiciera lo que hiciera (dejar a su pareja, volver, lamentarse, excusarle...), su grupo de amigas siempre estuvo allí para sostenerla. y así logró escapar de una vida denigrante. Por eso Marisa nos pidió que, si nos encontramos con algún caso así, vecinas, amigas, conocidas..., no nos pongamos enfrente, porque nos llevaremos el golpe, pero que nos pongamos al lado, un poquito más atrás, para sostener y apoyar a la víctima. Como ejemplo visual de lo que nos quería decir nos entregó un sobre en el que venía una cuenta de collar y nos pasó un cordón para que lo ensartáramos, unas costaban más, otras menos, pero si permanecían unidas formaban un bonito collar. En la bolsa también encontramos una preciosa pulsera y una piruleta para endulzarnos un poco tras una charla que nos dejó a todas con la piel de gallina.

Como consejo final nos habló de la máxima que tienen los servicios de emergencias para todas las situaciones extremas: Primero pararse a pensar, luego protegerse, pedir ayuda y, por último actuar.

Para la charla nos reunimos en la casa de las Malasmadres, donde nos recibieron con un delicioso Gin con ginebra Mom y muchas ganas de pasar un rato estupendo. El broche final lo puso el delicioso catering de Cookita y Mission Wraps. Sólo puedo decir que fue una jornada muy aprovechada. Laura Baena, jefa del club de las malasmadres, puso el broche final con una afirmación que estaba en la mente de todas: los malos tratos son un problema que debe erradicarse con la concienciación social, empezando por al educación de los niños.

viernes, 23 de septiembre de 2016

La goma eva hace del baño algo divertidísimo

Que maravilla es la guía de 70 Actividades divertidas para la Hora del Baño de El revolero Mundo de Rukkia. Si te suscribes te lo regala y la verdad es que tiene unas actividades chulísimas. En el primer vistazo ya me apunté unas cuantas para poner en práctica con mis churumbeles. La primera de ellas tiene que ver con al gomaeva. Resulta que si la mojas se pega perfectamente a los azulejos de las paredes del baño. ¡Que invento! Este descubrimiento me ha abierto un mundo nuevo.

Esa misma tarde bañé a mis hijos, aunque no les tocaba, para poner en práctica el juego. Protestaron mucho, pero acabaron metiéndose ante la promesa de un juego nuevo. Les facilité unos trozos sobrantes que tenía rondando por la casa para que se explayaran con al imaginación. A algunos les di un poco de forma para que dieran más juego. Les expliqué que, una vez mojada, se podían hacer cuadros chulísimos con los trozos.

Daniel enseguida se metió en el juego y se puso a experimentar si se pegaban entre ellos, ¡sí!, si se pegaban a la mismísima bañera, ¡también!, si se pegaban en su frente, massss o menosss... Se lo pasó muy bien pegando y despegando.

Iván empezó con entusiasmo, pero al rato que fui a verle, ya estaba con sus experimentos científicos y la goma eva yacía más que olvidada en la pared. Cada niño es un mundo.