sábado, 27 de mayo de 2017

Pompero casero para baños extra divertidos

Si hay algo llama la atención de los peques de inmediato son las pompas de jabón. No sé si es por ese brillo arco eres, por esa delicadeza al flotar, por ser incorpóreas o por su forma de estallar en chispitas de agua y jabón, pero en cuanto entran en escena mis hijos salen disparados a estallarlas casi automáticamente.

Una tarde, metí a Iván en la bañera para que disfrutara de uno de sus baños cuando me preguntó con ojitos ilusionados si podía hacer pompas. En un principio, le dije que no teníamos pompero. Enseguida me vino a la cabeza la fórmula mágica que nos chivó Attempra (tres partes de agua, dos de gomina fijación fuerte y una de jabón lavavajillas). Tenía todos los ingredientes, pero nos faltaba las herramientas: el palo con agujero al final para soplar y que se formen las ansiadas pompas.

El chiquillo empezó a poner una expresión de desilusión, mezclada con tristeza muy propia de estas edades cuando se les contradice, pero se conformó. sacó los juguetes y se puso a inventar historias.

Pero yo me fui con la cabeza dando vueltas a mil por hora. Tiene que haber una manera, tiene que haber una solución sencilla... Y de repente lo vi. En mi mente surgió un limpiapipas peludo que se fue retorciento hasta adoptar la forma del pompero. Dicho y hecho. A los pocos minutos me presentaba en el baño con un vaso lleno de la fórmula mágica y un pompero peludo casero en la otra.

El peque casi se pone a dar saltos de alegría en la bañera. ¡Con lo peligroso que es eso! menos mal que se contuvo. Estuvimos un rat jugando juntos con el invento, que, la verdad es que hacía unas pompas muy hermosas. Y luego lo dejé sólo para seguir con mis tareas.

Cuando le tocó el turno al mayor también quiso jugar un rato con el pompero nuevo. Estaba encantado construyendo extrañas formaciones en el agua a base de pompas.

Menos mal que se me encendió la bombilla.

viernes, 26 de mayo de 2017

Mindfullnes en la clase de Daniel

Cuando íbamos a entrar a dar el taller de mindfullnes a tercero de infantil, me encontré con la tutora de Daniel, una profesora con muchísima vocación e interés por sus alumnos. Cómo ya me había mostrado interés por el tema de las técnicas de relajación para niños le conté lo que estábamos haciendo en el colegio a esas horas y le encantó la iniciativa, así que nos invitó a repetir la actividad en segundo de primaria.

Rosa, la mami con la que hacía el taller no tenía ningún hijo en ese curso, pero es tan encantadora que no dudó ni un segundo en apuntarse a la nueva aventura. Muy ilusionadas concertamos un día para repetirlo todo aunque con un público dos años mayor. Hicimos algún cambio en las actividades, pero casi todas fueron las mismas. Volví a usar los recursos de Inés Merino que nos enseñó en su taller para familias en Yogarati.

Daniel estaba emocionado con la idea de que su madre fuera a hacer una actividad con sus compañeros. En cuanto me vio aparecer se le puso una sonrisa enorme y me pidió ser mi ayudante. Le preguntamos a su tutora qué le parecía la idea y nos dijo que lo que yo quisiera, así que el niño se puso a mi lado para ayudarme a explicar los juegos.

Comenzamos con el tarro de las emociones porque es verdad que les llama mucho la atención y es una forma muy visual para explicarles cómo las emociones y las experiencias que van viviendo durante el día se van acumulando en nuestra mente de forma desordenada y llega un momento en que la tenemos tan agitada que somos incapaces de pensar con claridad o prestar atención por mucho tiempo. Así que volví a contar el tema de papá o mamá os levanta por las mañanas y os sentís (maaaaaal), y luego os meten prisa para desayunar y vestiros porque hay que ir al cole (maaaaal), y en el cole os encontráis con vuestros amigos (bieeeeeeen. yujuuuuu) y blablablabla... blablabla... y llegáis a casa y tenéis que sentaros a hacer los deberes. Y eso os parece genial (Noooooo, maaaaal, fataaaaal). ¿Cómo? ¿Que no os gusta hacer deberes? Pero si es divertidísimo... (Noooooo. Horrible, abajo los debereeeeees. Queremos jugaaaaar). La verdad es que, al ser más mayores, hubo muchísimo más feedback y nos reímos mucho con las reacciones de los peques.

Daniel, a la vez que yo hablaba y les preguntaba a sus compañeros, echaba la purpurina de distintos colores en el bote con agua. Cuando decidimos que ya era suficiente. Cerré el tarro, lo agité y les expliqué que, después de todas esas vivencias, su cerebro estaba igual que el bote y que así era imposible concentrarse. Teníamos que calmarnos para poder pensar con claridad. A los niños les fliparon los botes y tuvimos que pasarlos de mano en mano durante un buen rato. No se cansaban nunca. Pero había que seguir, así que los recogimos y pasamos a la siguiente actividad.

Les propuse aprender la respiración de los dedos como si fuera un juego. Se ponen en parejas y se sientan frente a frente. Uno de los niños extiende las manos con los dedos separados y el otro tiene que seguir el contorno con un dedo de tal manera que cuando inspire el compañero recorremos el camino hasta la punta del dedo y cuando expire bajamos por el otro lado hasta el valle entre los dedos y así hasta recorrer el contorno de los diez dedos haciendo diez respiraciones profundas. Para lograrlo tenemos que convertirnos en detectives de nuestro cuerto y escuchar muy bien las respiraciones del compañero. Les encantó el juego.

Aprovechando que ya estaban en parejas hicimos el juego del masaje, en el que un niño le hace un masaje a su compañero siguiendo mis indicaciones. Pero a veces puede ser un poco travieso y tocar una parte del cuerpo que yo no nombre. El que recibe el masaje debe estar muy atento para darse cuenta y levantar la mano. Lo cierto es que se relajan tanto que se les olvida atender, pero alguno se lo tomó muy en serio y no se le escapaba ni una. Primero le hice yo el masaje a Daniel nombrando partes generales del cuerpo para no tardar mucho. Y luego me lo hizo Daniel a mí cómo se tiene que hacer de verdad: deteniéndose en todos los detalles, que si los pómulos, que si el mentón, las cejas, los dedos uno por uno... Le tuve que pedir que no fuera tan específico porque se nos iba el tiempo.

Entonces les propuse un juego de los sentidos. Normalmente abusamos del sentido de la vista y eso hace que confiemos poco en el resto de nuestros sentidos. Para que disfruten de una degustación de alimentos con todos los sentidos, lo primero que les pedí fue que cerraran los ojos y extendieran una mano (¡y que no hicieran trampas!).  Les puse una gominola rebozada de azúcar en las manos y les pedí que me dijeran que sentían al tacto. Para que no se convirtiera en un girigay sin orden ni concierto, el que quería hablar levantaba la mano y yo les iba dando tocando la cabeza para que hablaran. Decía cosas interesantísimas. Daniel me pidió ser él el que diera permisos para hablar y me pareció bien, pero tuve que pedirle calma en un par de ocasiones porque se aceleraba y tocaba la cabeza de un compañero antes de que otro terminara de dar su opinión. Además, quería que hablaran todos a ser posible y mi niño tocabas cabezas sin ningún orden ni cuidado. Tras tocarla, les pedí que la olieran, luego que se la llevaran al oído y la aplastaran un poco con dos dedos a ver que oían. En este punto vi que uno de los niños iba más allá y se disponía a introducir la gominola para horror mío. Impedía semejan acción y les expliqué a todos muy seria que no se metía nada en ningún agujero del cuerpo, excepto en la boca y después de determinar que ese algo es digerible y no tóxico. Tras este paréntesis de seguridad, les pedí que mordieran muy lentamente la gominola y que mantuvieran el trozo en la boca para saborearlo. Que luego lo masticaran también despacio, que lo tragarán y que notaran como iba bajando por la garganta hasta el estómago. El resto de la gominola se la podían comer como quisieran.

Terminamos con la burbuja de la paz que nos enseñó Silvia Comas. Y le tocó el turno a la otra mami para hacer la rueda de la energía. La comenzó pidiendo a los niños que se colocaran formando un círculo y en fila uno detrás de otro para poder hacer masajes en cadena. Ella nos iba dando las instrucciones: hombros, cuello, lumbares... Y después nos dábamos la vuelta y le hacíamos el masaje al otro compañero. Luego nos sentábamos todos y nos dábamos la mano para que la energía fluyera. respirábamos profundamente, nos mirábamos a los ojos, nos sonreíamos, nos estirábamos y terminábamos con un gran abrazo en el que se nos alborotaron bastante los chiquillos y alguno salió llorando. Lo intentamos una vez más, pero no había manera de que no hicieran el bruto, así que lo mejor fue decirles que hicieran abrazos colectivos en grupos más pequeños.

Al final, como nos sobraba un poco de tiempo lo invertimos para que los peques nos preguntaran todas sus dudas. La ronda de pregunta giró en torno al bote de las emociones: ¿Que si se podía hacer con arroz? ¿Con harina? ¿Con un botella en vez de con un bote? Les había gustado tanto que los dejamos a las profes para que se los quedaran en clase.

Fue otra experiencia genial. Ojalá hicieran mindfullnes en los colegios porque el interés y motivación de los niños es increíble.


jueves, 25 de mayo de 2017

El gran libro de relatos de Piratas y Corsarios

Cuando lo vi, ya sólo el título me llamó la atención: El gran libro de relatos de Piratas y Corsarios. Promete mucho ¿Eh? La colorida portada también anima a llevártelo contigo, pero lo que yo sabía que era todo un puntazo para niños y mayores era la diversión extrema que nos prometía desde una de las esquinas inferiores: ¡Con realidad aumentada! Oooooooh. Quiero, quiero, quiero... Y Boolino escuchó mis plegarias y me lo envió a casa para los, ejem, niños.

Cuando llegó se lo enseñé a los churumbeles que lo cogieron casi con ansia. Abrieron las tapas casi sin mirar la portada y alucinaron con las atrayentes, inquietantes y un poco siniestras ilustraciones de las aventuras pirata. Se tiraron un buen rato repasando la galería de personajes que viene al final. "¿Y este quien es?", "¿Y este?", "¿Y este?"... Nos lees su historia, porfiiiii.

Después de un buen rato al mayor le dio por mirar la portada y gritó jubiloso: "Mamiiiiii, aquí hay un móvil dibujado. ¿Esto para qué eeeeees? Trae el tuyo, porfi porfi porfi...". Pero de nada le valieron los siete mil porfi que corearon entre él y su hermano porque se nos había hecho tarde y se fueron de cabeza a la cama.

En cuanto me cercioré de que roncaban apaciblemente saqué el móvil y me dispuse a comprobar que funcionara la cosa de la realidad aumentada, ejem, para que no se llevaran una decepción si había surgía algún problema y esas cosas. Me instalé la aplicación en pocos minutos y empezó la diversión. ¡¡¡Que pasada!!! Mi marido y yo nos enganchamos a pasar páginas buscando el simbolito del baúl con fondo rojo que indicaba que allí había escondida una sorpresa virtual: animaciones, minijuegos de aventuras gráficas, juegos de observación, efectos... Molaba demasiado. Incluso te puedes hacer una foto con un pirata, pero, como soy un poco (bastante) tecnolerda, aún no he descubierto dónde porras se guardan las fotos.

Al día siguiente, mis churumbeles me recordaron ansiosos el tema ese del móvil en la portada del libro de los piratas... "¿Te acuerdas, mami?" "Seeeeep" "QUEREMOS VERLO YAAAAA". En fin que me lo dejaron clarito, así que ya no les hice sufrir más y traje mi móvil. Éxito total. Son fans absolutos de la realidad aumentada de este libro.

Daniel se pasó uno de los jueguitos en dos días muy emocionado. Lo único malo es que el entusiasmo que tenían porque les leyera las historias ha decaído un poco. Cada vez que intento sacarlo para empezar una historia me hacen ojitos para que les deje el móvil. Y eso que las historias también molan un montón. Están llenas de emoción, batallas, aventuras, sacrificios... incluso piratas fantasmas... Pero habrá que esperara a que se les pase la fiebre por la realidad aumentada para volver a retomarlas.



miércoles, 24 de mayo de 2017

Smartick, una herramienta para hacer la mates divertidas (Sorteo)

Hace un mes que estamos probando Smartick, una app ideal para motivar a los peques a estudiar matemáticas de un forma divertida. Para empezar, funciona a través de un dispositivo electrónico (PC o tablet) y eso les engancha desde el principio. Además es muy dinámica y se va adaptando a las necesidades del niño con lo que evitamos que se aburran o frustren. Para conseguirlo dan opción al niño a saltarse los problemas que no sepa hacer o no entienda y cambian el tipo de ejercicio continuamente para ir probando el nivel del peque.

Iván está muy emocionado con el programa. Nada más llegar a casa ya está clamando por la tablet para hacer su sesión diaria de 15 minutos, porque eso es lo que tienen que invertir para hacer los ejercicios. Con ese tiempo es suficiente para crearles un hábito de estudio sin que pierdan la concentración ni agotarlos. Todo lo contrario, los peques están motivados para hacer sus ejercicios al menos cinco días a la semana, que es lo que te recomiendan.

Daniel lo prefiere al método tradicional de enseñanza, pero asegura que para él sigue siendo "estudiar", una palabra que no le suena nada bien. Eso sí, se sacrifica con tal de acceder a los juegos que se abren tras cada sesión. ¡Le encantan! De hecho, un día me quiso dar gato por liebre, pero no pudo gracias al informe que me llega al email tras cada sesión. De repente, bajó de una media de 70% u 80% de aciertos a un 12%. Alarmada le pregunté que qué había pasado. Y el muy ladino confesó y me explicó que había dejado la tablet sola los quince minutos de los ejercicios para poder acceder a los juegos sin hacer el test. ¡Es un listo! Le dije que eso era trampa y que no lo volviera hacer. Tiene que aprender que el que algo quiere algo le cuesta.

La técnica de aprendizaje está completamente gamificada y por eso triunfa tanto. Por cada lote de respuestas correctas los niños ganan estrellas con las que podrán comprarse disfraces, ropa, juguetes, muebles, posters, letras, mascotas... De hecho tienen una habitación propia que podrán ir costumizando a su gusto a medida que vayan ganando estrellas. Iván ya tiene un precioso gato gris para hacerle compañía y Daniel va a por la tortuga, pero siempre acaba gastándose las estrellas en otras cosas. Es un niño al que le van los placeres inmediatos. ¡Qué le vamos a hacer!

Está un poco picado porque su hermano está avanzando mucho en el ranking de los juegos, pero eso tiene una explicación lógica. Daniel está sobrecargado de deberes y encima está en plenos exámenes, así que hay días que no hacemos la sesión porque no quiero sobrecargarlo más de la cuenta. En cambio, Iván, está en infantil y la aplicación me viene de lujo para que imite a su hermano en que tiene tarea, aprenda de una forma natural y esté entretenido mientras yo me siento con su hermano para ayudarle a estudiar.

Este sistema  es ideal para desarrollar el cálculo mental y el álgebra, las habilidades de resolución de problemas y el pensamiento crítico. También incluye ejercicios de lógica que ayudan a los niños a mejorar el razonamiento lógico y la comprensión lectora. Es muy completo.

Una de las cosas que más les ha gustado a los dos, aparte de los juegos claro está, es el club social. En el que se pueden hacer amigos de otros usuarios. Se han hecho amigos entre ellos y se visitan y regalan cosas. Lo que más me ha gustado a mí es el pozo de los deseos, en el que los niños pueden mandar dudas o sugerencias para mejorar el programa y el email que te envían tras cada sesión con todos los detalles de la misma. Además, el programa cuenta con un equipo de profesionales detrás que resuelven todas las dudas de los padres y les dan apoyo en lo que necesitan. Eso es un puntazo.

Si queréis probarlo sólo tenéis que daros de alta en su web y podéis disfrutar de este novedoso sistema de estudio durante quince días. También os podéis apuntar aquí al sorteo de una licencia de tres meses, que ahora, para repasar mates en verano, viene de miedo. El único requisito es que os déis de alta esos quince días para probarlo y que a vuestro peque le guste, algo de lo que no me cabe la menor duda. Si le dais Me gusta a su página de Facebook para no perderos nada de sus novedades bienvenido sea, pero no es obligatorio. El sorteo comienza hoy y acaba el 22 de junio (último día de clases, por lo menos en la Comunidad de Madrid). El 23 anunciaré al ganador.

martes, 23 de mayo de 2017

Bazar Solidario de la Embajada de Indonesia

Un año más nos hemos acercado al Bazar Solidario que organiza el Embajada de Indonesia. A los niños les encanta esta cita internacional. Daniel incluso tiene ya algunos platos preferidos que siempre pide, como los pinchitos con arroz y un postre multicolor.

Este año empezaba un poco más tarde, así que fuimos a tiro hecho a comer. Llegamos pronto y aún así ya no había mesa libre. Menos mal que unos amigos nos hicieron hueco en la suya.

Todo estaba delicioso. Personalmente, lo que más me gustó fue la sopa de albóndigas con mis cosas y el postre de arroz rebozado con coco y miel.

En el patio donde se celebra había muchísimo ambiente. Los puestos del mercadillo y la decoración daban color a la celebración. En el mercadillo había un montón de cosas chulas: vestidos, faldas, bisutería, productos gourmet... Todo me entraba por los ojos. Daniel me compró una pulsera por un euro y me la dio muy feliz (el dinero era mío, pero eso son sólo nimios detalles).

Mientras comíamos, las televisiones ubicadas en muchos puntos estratégicos retransmitían lo que ocurría en el escenario. Cuando terminé de comer me acerqué al lugar donde se representaban los espectáculos para verlos en directo un rato. Unos niños bailaban con caballitos de cartón, mientras unas chicas cantaban y los músicos tocaban extraños instrumentos. La verdad es que se curran los espectáculos. Lo poco que ví me fascinó: Bailes, canciones, demostraciones...

Hablando de instrumentos, nos llevamos a casa uno de los Angklung que daban si comprabas cinco papeletas de la rifa. Cada uno eran notas musicales diferentes. Durante la celebración tocaron uno grande con todas las notas en el escenario. A Daniel le gustó tanto que lo llevó al cole para enseñárselo a sus compañeros.

Un amigo Indonesio de Raúl les regaló a los chiquillos otro instrumento, esta vez de viento, muy curioso que les encantó. Vamos a montar un grupo al final con tanto instrumento musical por casa.

Iván disfrutó un rato del castillito hinchable que ponen  todos los años, pero Daniel ya se pasaba de edad y no pudo jugar en él.

Fue una jornada muy exótica y divertida para toda la familia. Volveremos el próximo año.


lunes, 22 de mayo de 2017

Tarde en la plaza de los chorros

Sé que es pronto aún, pero con el calor que está haciendo mis hijo no paran de pedirme actividades de agua con gran insistencia. En cuanto pisamos un parque localizan las fuente más cercana y se ponen como cerdos. Dan ganas de meterlos en la lavadora con la ropa.

Con este espíritu no pude negarles su petición de ir a la fuente de los chorros a jugar con el agua. Eso sí, me cargué de jerseis y pantalones largos por si acaso. Con las toallas, los juguetes, la merienda... Iba cargada como una burra, pero con dos churumbeles dando brincos de la emoción.

Nada más llegar corrieron hacia los chorros como locos y tuve que desgañitarme para que se acordaran de quitarse las camisetas. En un principio a Daniel le dio un poco de vergüenza descamosarse, pero en cuando vio a su hermano meterse casi de cabeza se le quitaron todos los males, se quitó la camiseta y fue detrás.

Se lo pasaron genial luchando contra el ejército del agua. Machacando los chorros sin piedad que luego se vengaban en cuanto levantaban el pie. En una de esas Iván me llamó muy contento porque había conseguido tapar uno con la mano. Pero en cuanto las apartó se estalló un chorrazo en plena cara. Cias casi me entra la risa, pero me aguanté para que no se enfadara. Por lo menos pareció no afectarle en absoluto y siguió con su lucha calado pero tan pancho.

Su hermano, mientras, me pidió que le diera instrucciones para ir avanzando por las casillas y luchando contra los chorros. Le indicaba para donde tenía que ir y cuando tenía que luchar. Huelga decir que me mataron en todas las partidas.

También se lo pasaron bomba con las pistolas de agua que llevamos y con el balón, que se quedaba suspendido en el agua lo justo para que Iván le diera un certero patadón. Tan bien se lo estaban pasando que se pegaron más de una hora a remojo.

Como a mi me parecía que cada vez hacía más fresquito intenté convencerles para que dejaran su lucha contra el ejército del agua, pero me costó muchísimo.

Tras un buen rato logré llevarlos al parque que está al lado y que es muy chulo. Tiene hasta un tirolina. Como no les hice foto en ella voy a poner de otro día porque mola un montón para los niños. Y para los adultos. Yo también me he tirado y es divertidísimo.

En esas estábamos cuando llamó el padre que estaba disfrutando en ese momento de un taller de rol que hacen en el centro cultural para avisarnos que en un cuarto de hora comenzaba, en ese mismo centro, la película de "Tintín en busca del unicornio". La entrada era gratis, así que volamos hasta allí para no perder la oportunidad.

Cuando llegamos a la sala estaban ya en las letras del inicio. Nos encantó la peli. Estaba llena de escenas trepidantes y luchas de piratas. Además de que el valiente milú daba mucho punto a ojos de mis hijos. No apartaron los ojos de la pantalla. Lo que me extrañó mucho fue que eran los únicos niños de la sala. El resto era gente mayor. Se ve que la gente no se entera de estas cosas. Nosotros de chiripa. Le pregunté a la recepcionista cómo podíamos estar al día de las actividades del centro y me cogió el email para mandarme las newsletter.

De allí no quedamos un rato en el parque de enfrente porque me lo suplicaron de rodillas, porque, si es por mí, me voy directa a casa. ¡Estaba agotada! Pero ellos seguían teniendo pilas y corrían que se las pelaban de arrriba a abajo del lago del parque, que estaba totalmente vacío para divertimento de las masas infantiles, que lo estaban disfrutando a tope.

Como colofón final a una tarde llena de aventuras nos juntamos con el papá que acababa de salir de su taller y nos fuimos a por kebabs para la cena y a jugar a un juego de mesa, Tobago. No estuvo mal, pero a mis churumbeles ya se les cerraban los ojos solos. Pobrecitos. Se derrumbaron en la cama esa noche.

sábado, 20 de mayo de 2017

Rivalidad entre hermanos

La rivalidad entre hermanos es algo lógico y esperable. Seguramente sea hasta algo natural y sano. Pero hay límites, digo yo. Y en esta casa se están pasando de castaño oscuro. Hemos llegado al "Sírveme a mí la comida que a Iván se la serviste primero ayeeeeer", "Noooo, mentiraaaaa. Que se la serviste a Danieeeel". O "Yo pruebo primero el juego nuevo de la tablet porque siempre los prueba primero Daniel", "¡¡¡¡Mentirosooooo!!! El último lo probaste túuuuu"... Y así en un bucle infinito con las cosas más insignificantes. ¿En serio vale la pena las peloteras tremendas que se forman por comerse el arroz medio minuto antes que tu hermano?

La última ya clamaba al cielo: "Es que Daniel ha ido al médico doooooos veces y yo solo unaaaa buaaaaa" ¡Pero y a mí qué me cuentas! ¡Yo que culpa tengo! Ni que fuera plato de gusto ir al médico. ¿Alguien lo entiende? Pues que venga a explicarmelo porque para mí como si fuera chino.

Os podéis imaginar quien suele estar en medio de la trifulca: ¡Yo! Que si quiero más al otro, que si le hago más caso, que si siempre hago lo que quiere el otro... Buuuuf. Que harturaaaaa. Voy a empezar a hacer únicamente lo que YO quiera. A ver si así se callan de una vez. Aunque lo dudo mucho porque ahora estamos en época de "No es justoooooo", "Eres malaaaaaa", "Nunca haces lo que yo quierooooo"... Dicen que es porque se acerca el final de curso y están cansados, pero también me cansé de que tengan excusa para todo. No cuelaaaaaaaa.

Yo también estoy cansada y no les acuso de todos mis males. ¿Os imagináis?: "Me ha caído un marrón en el trabajo... ¡Por tu culpa Daniel!", "Tenía que salir y justo se pone a llover... ¡Que malo eres Iván". Pues yo no me lo imagino. No me cabe en la cabeza y me tienen con la paciencia justita justita.

Últimamente zanjo las discusiones con un "¡Los dos castigados!", "Pero mamáaaa", "¿Quieres doble castigo?". Ya sé que no es lo mejor, ni lo más correcto, ni me paro a entenderles y todo eso, pero es que... ¡¡¡Gruarlll!! Hay que vivirlo, esto no se puede contar con toda la intensidad que supone.

Y encima ocurre todos los días... ¡varias veces! Buuuuf

Lo peor de todo es que es una fase extralaaaarga. Mis hermanos y yo nos peleamos hasta más allá de la mayoría de edad, que yo recuerde. Mis pobres padres. Ainsss. Ahora les entiendo. Espero que hayan épocas más suaves y que esa época empiece ahora. Sería tan maravilloso.

No digo que se peleen en todo momento. Tienen ratos que te los comerías: Se ayudan, juegan juntos, se cuentan cosas... Pero escasos, escasos.