viernes, 18 de agosto de 2017

El Jardín Botánico del Parque de Cazorla y la Torre del Vinagre

Otro día llevamos a los niños al Jardín del parque. Queríamos conocer las especies autóctonas y aprender curiosidades del entorno, pero mis hijos pusieron mucha resistencia al plan. Estuvieron boicoteando la visita desde el minuto cero.

El jardín es precioso, pero ellos parecían inmunes a su belleza y seguían liándola: Que si vaya rollo, que si uno se iba por un lado y el otro por otro, que si malas caras... Yo ya estaba al límite de mi paciencia.

Supongo que era el calor, pero estos chiquillos estaban inaguantables al cien por cien. El caso es que, siempre que volvíamos de las excursiones, ellos aseguraban que se lo habían pasado bien y parecían recordar sólo las partes buenas, mientras que yo tenía las partes malas muy arraigadas en el cerebro, junto con los castigos correspondientes (por cierto que tienen toda una semana sin videojuegos de ningún tipo.

Curiosamente, cuando yo llego al summum de mi cabreo, es cuando ellos se empiezan a animar con las excursiones y visita. Y así sucedió en al jardín botánico. de repente se empezaron a interesar por las hierbas medicinales, las plantas extrañas, los frutos de los árboles...

El castigo más gordo fue cuando leyeron mal "cambrones" y "de la miera". Ellos juran y perjuran que lo hicieron sin querer, pero nadie se cree eso.

Tras el accidentado paseo por el jardín botánico, cruzamos las carretera y accedimos a la Torre del Vinagre, que está justo enfrente, y que alberga una pequeña exposición interactiva y otra de animales disecados que les flipó. También les impresionó el paseo de las secuoyas en las que estuvimos un buena rato.

Al final volvimos al campamento con una mami muy quemada y dos niños muy felices.














jueves, 17 de agosto de 2017

Una ruta de Félix Rodríguez de la Fuente en el Parque de Cazorla

En el Parque de Cazorla hay millones de rutas impresionantes, así que decidimos no irnos muy lejos y seguir una de las que aparecen en los famosos documentales de Félix Rodríguez de la Fuente que comenzaba cerca de nuestro camping.

La ruta se puede hacer en coche o a pie y tiene unos cuantos miradores con vistas muy chulas. Una pena que el calor y la escasez de lluvias dieran como resultado que el lago estuviera completamente seco. Aunque también era impresionante verlo así. Totalmente desértico.

Mis niños disfrutaron a tope metiéndose hasta lo más "profundo" del lago para investigar. Les chocaba pensar que en otras épocas del año lo que estaban pisando estaba totalmente cubierto de agua y que no hubieran podido llegar allí ni nadando.

Doy fe de que les gustó muchísimo la ruta, pero aún así no perdieron la oportunidad de tocarme las narices y hacerme perder la paciencia. Y eso que la habíamos hecho en coche en contra de los gustos de los progenitores para que no se cansaran tanto como en la del río Borosa (cuento, cueeento).






miércoles, 16 de agosto de 2017

El río Borosa en el Parque de Cazorla

Nuestra primera excursión en el Parque Natural de Cazorla fue al río Borosa. Impresionante. Nos quedamos alucinados de la belleza del paraje. El fallo fue empeñarnos en hacer la ruta primero y bañarnos en el río a la vuelta porque los chiquillos se enrabietaron con nuestra a que se metieran en la agua de buenas a primeras y nos hicieron sufrir toda la ruta.

Ni que decir tiene que fue imposible acabarla y eso que por el final hay un desfiladero muy chulo que nos quedamos con ganas de ver. Nosotros porque los peques no sonrieron hasta que dimos la vuelta y pusimos rumbo a una zona en la que se pudieran bañar.

Una vez a remojo cambiaron el ceño fruncido por grandes sonrisas y se convirtieron de demonios en dulces niños pasándoselo extremadamente bien. A mí me costó más desenfadarme, pero el agua fresca y el entorno ayudaron a despejar los malos humos de mi cabeza y me resigné. Al fin y al cabo ir con niños de vacaciones es una caja de sorpresas.

Lo cierto es que bañarse en ese lugar fue una pasada. Era un lugar que parecía sacado de un cuento o una leyenda. El agua tenía distintos tonos de azules y verdes preciosos. Cuando nos cansamos, trepamos unas rocas y seguimos el curso del río ascendente para descubrir otro tramo maravilloso, con cascada y todo. Parecía que nunca podríamos sacar a los chiquillos de allí, pero la temperatura del agua hizo su trabajo y un tiempo después les convencimos de dejar el medio acuático a cambio del calor del sol y la toalla. Que por cierto, como apretaba Lorenzo.

Tras tomarnos unos sandwiches para reponer fuerzas nos encaminamos al centro de interpretación del río Borosa para ver la exposición interactiva sobre la zona y visitar su parque infantil. Era extremadamente original. Figuras de madera tallada emergían del suelo o de las ramas de los árboles para disfrute de los más pequeños. Sillas extrañas, animales tallados que podían montar, una pizarra, bichillos curiosos.... Lo que se divirtieron las fieras explorando e inventando historias.

De allí sí que los tuvimos que sacar tras una discusión porque se nos hacía tardísimo para comer y ellos querían seguir jugando. No me extraña.















martes, 15 de agosto de 2017

Camping los Llanos de Arance

Este año hemos decidimos no hacer el viaje del tirón de Madrid a Mollina para las TdN. Nos apetecía hacer un alto de cinco días en algún lado intermedio y en cuanto localizamos que el Parque Natural de Cazorla no nos venía nada mal no nos lo pensamos dos veces. Reservamos una cabaña en el Camping Llanos de Arance y allá que nos fuimos.

El sitio estaba en mitad del parque natural y era una chulada. Miraras a donde miraras te recreabas la vista. El ambiente era muy familiar así que los peques no tardaron en hacer amigos que incluso les venían a buscar a la cabaña para ir a jugar al parque infantil o por cualquier otro lugar de la zona vallada. Ellos estaban encantados. Tanto les gustaba estar en el camping que nos ponían morros cuando les anunciábamos una nueva y maravillosa excursión. Al final se lo pasaban bien también fuera, pero nos lo hacían sufrir. tanto que el último día de estancia tiramos la toalla y lo pasamos sin salir del recinto. Según ellos el mejor de todos los que pasamos allí.

Les encantaba la piscina con cuesta para entrar y una fuente de piedra, la parte de río a la que se accedía por unas puertecitas en las vallas del camping, el parque infantil que era el lugar de reunión de todos los niños, la zona de barbacoas en la que la gente encendía magníficos fuegos, dar de comer a los jabalís en cuanto caía el sol (detrás de la valla, porque estos bichos no distinguen la piel de una sandía de tu mano)... Si fuera por ellos no hubieran salido del recinto en los cinco días.

La verdad es que se estaba de lujo. Y que los niños se fueran a jugar con sus amigos nos permitía largos momentos de tranquilidad que no tienen precio. Ya se me había olvidado lo que era tomarse una cerveza en un porche sin niños liándola a tu lado.

Por las noches dábamos una vuelta entre las cabañas, tiendas y caravanas, sólo para ver las preciosas estrellas.

Nos fuimos enamorados del camping y de sus alrededores.