jueves, 27 de julio de 2017

Cuadros prepintados

Estas Navidades, los Reyes Magos me trajeron unos cuadros prepintados de animales muy chulos gracias a Høsten, una tienda de cosas monísimas que hay por el centro de Madrid. Hasta hace poco no pude sacarlos de su plástico y estrenarlos. Mi idea era que cada miembro de la familia pintara uno, pero mi marido me miró con una cara que... en fin, desistí en el intento.

En cambio mis hijos se prestaron entusiasmados. Eso sí, enseguida me pidieron los pinceles. Estos cuadros se podían colorear con rotus. Y seguramente hubieran quedado mejor, pero no hubiera sido tan divertido.

También podría haberlos coloreado yo con mucho cuidado e invirtiendo tiempo y tiempo de paciencia, pero... tampoco hubiera sido tan divertido.

Así que preparé los acrílicos, vasos de agua, pinceles y ¡a pintar!

Probamos contrastes, combinaciones, mezclas... Pintamos con más risas que precisión y nos fuimos comentando los avances y pidiendo consejo en grupo para ver que color usar ahora y dónde. Daniel prefería los colores fuertes y gruesos de pintura, Iván los más diluidos y yo... Yo hacía lo que podía entre asistencia a niños, control de riesgos y detección y corrección de desastres.

Al final quedamos muy orgullosos de nuestras obras de arte estilo libre. Aunque creo que el padre no piensa lo mismo. Es más práctico que sensible y cuando le dije que dónde quería que los colgáramos volvió a echarme esa mirada... Ya buscaré yo el hueco, mejor.

miércoles, 26 de julio de 2017

Iglesia de Santo Tomás

Muy pocas veces he encontrado a abierta la Iglesia de Santo Tomás en Covarrubias. En cambio, la ex-Colegiata es raro verla cerrada. Las dos son dignas de ver.

Este verano, la hemos pillado abierta dos veces, una para visitas y otra por un concierto de música Gospel precioso. La acústica de la iglesia hacía que las voces de los cantantes sonara aún mejor. Mientras escuchas esas voces privilegiadas es imposible no mirar alrededor y reparar en todos los detalles de la amalgama de estilos de la iglesia.

A mí, lo que más me llama la atención es la escalera plateresca que se alza a espaldas del altar. Es impresionante. Desde ella se accede al órgano, que es más pequeño que el de la colegiata, pero igual de bonito. Me gustaría ir alguna vez a oírlo igual que he ido a escuchar el otro. Los conciertos de órgano son una maravilla.

Los retablos bañados en pan de oro y con imágenes barrocas también son un lujo e ideales para observar detenidamente mientras se disfruta del concierto.

Una pena que mis niños no se decidieran a entrar a escuchar las canciones de gospel y decidieran quedarse en la puerta a jugar con otros niños del pueblo bajo la atenta miraba de su padre, que luego me aseguró que había escuchado perfectamente la música desde el exterior. Pero no es lo mismo. Desde dentro era totalmente diferente y mucho mejor.

martes, 25 de julio de 2017

Los patos de la plaza de los Chorros

La plaza de los chorros no se llama así, evidentemente. Así la llamamos nosotros por razones obvias. El nombre real no nos lo sabemos. Nunca nos hemos preocupado en averiguarlo. Es curioso como les cambiamos los nombres a ciertos lugares según nuestras experiencias.

El caso es que este verano hemos ido bastante para refrescarnos y variar de la piscina de vez en cuando, pero, hasta la última vez, no nos habíamos dado cuenta de que habían patos en el estanque. De hecho, yo juraría que no habían. ¿Se habrán mudado hace poco? ¿Estarían de paso?

Los niños se quedaron mirándolos embelesados tras el descubrimiento. Incluso intentaron acercarse con gran peligro de su integridad física porque el estanque está tirando a verde asquerosito y yo no metería ni una uña dentro. Pero ellos son unos valientes, así que se alongaron sobre las aguas pantanosas hasta límites insospechados. Patos no tocaron, porque tontos no son, pero recuperaron una pelota solitaria que navegaba por ahí y un palo enorme que les hice tirar sin contemplaciones.

En esas estábamos cuando llegó una señora, sacó una bolsa, de la bolsa sacó pan y empezó a tirárselo a los, de repente ansiosos patos. Muy pronto tuvo al enjambre de niños con ojos de bambi alrededor. La verdad que era una señora encantadora porque enseguida hizo trozos el pan y lo repartió lo más equitativamente que pudo entre las manitas que se estiraban hacia ella ansiosas.

Los peques se lo pasaron genial alimentando a los patos (¡como si no lo hubieran hecho nunca!), que se dejaron cebra muy a gusto. Una vez terminado el festín alzaron el vuelo y se perdieron en el aire. En busca de otro estanque, supongo yo. Imagino que deben acudir al pan de la señora y luego se piran. Eso explicaría por qué no los habíamos visto nunca antes.

Al final poco jugaron con los chorros con la novedad del estanque. Y me temí que acabaran llenos de cieno y basura, pero, felizmente, me los llevé sequitos a casa. Fue un alivio.

lunes, 24 de julio de 2017

Museo Geominero de Madrid

El Museo Geominero de Madrid ha sido otro gran descubrimiento que hemos hecho los niños y yo este verano. ¡Nos ha parecido increíble! Su colección es fascinante, pero ya sólo las estancias, tan abiertas y preciosas, son un motivo para visitarlo. Cuando mis peques entraron a la sala principal, se quedaron tan alucinados que no sabían ni para dónde tirar.

Sobre sus cabezas, una gran cristalera con dibujos de escudos coronaban un altísimo techo. Desde la sala principal se puede acceder por angostas escaleras de caracol a las galerías abalconadas superiores. Excepto a la última planta, la cuarta, que no está abierta al público. Pero ya desde la tercera planta la vista es impresionante.

Los fósiles, piedras preciosas y minerales que alberga el recinto son una maravilla que despierta la curiosidad e imaginación de los peques. Los míos encontraron los cristales en los que grabó el padre de Supermán su holograma en la película de 1978, e incluso muestras de criptonita.

Sus mentes inventaron grandes aventuras con la cabeza del tiranosaurio llena de dientes pinchudos y el esqueleto del oso de las cavernas. Les brillaron los ojitos con las brillantes gemas.

Alucinaron con los meteoritos. Sólo de pensar que venían del espacio exterior ya tenían bastante. Los restos del mastodonte que yace en el centro del primer piso les tuvo hipnotizados un buen rato.

Yo pensé que se cansarían antes, pero estuvieron un buen rato admirando la colección y encontrando verdaderos tesoros ante sus ojitos. Iván se había llevado a su peluche Perrito y él y su hermano le estuvieron enseñando e inventando historias sobre todo lo que se encontraban.

Para mí que iban demasiado rápido y no me dejaron disfrutar de las vitrinas a gusto, pero con mis niños las visitas son así, urgentes y saltando de una cosa a otra a la velocidad de la luz.

Como suele ocurrir, el peque se enganchó a un terminal interactivo en cuanto los descubrió, mientras el pequeño admiraba una cuevita de cuarzo que sería ideal como casita para su perrito si le añadiéramos un mullido cojín.

Cuando Iván empezó a dar muestras de aburrimiento di por terminada la visita. Como era de esperar el mayor protestó muchísimo porque aún le quedaba un montón por ver, pero enseguida puso buena cara cuando se enteró de que regalaban de material didáctico un cd con el contenido del terminal en el que había estado cacharreando. También nos llevamos dos libritos muy curiosos sobre minerales y fósiles que les encanta ojear.

Cuando le contamos al padre nuestra visita y le enseñamos la foto tuvo claro que él también quería ir. Así que seguro que volvemos pronto.

La entrada es gratuita y el horario es de 9 a 14 de lunes a domingo.











viernes, 21 de julio de 2017

Recorrido turístitico por Covarrubias y alrededores

Tanto he hablado de Covarrubias, el pueblo de Raúl, que creo que ya puedo hacer un post recopilatorio que sirva de guía a los visitantes de este precioso pueblo. Sólo dar un paseo por sus preciosas calles ya es motivo suficiente para dejarse caer, pero ofrece muchísimo más a sus visitantes. Dónde no pongo enlace es porque no tengo un post específico sobre esos lugares, aunque sí que los nombro en textos generales. Si algún día vais a ver el pueblo ya me contaréis vuestra experiencia.

Lugares de interés turístico:
- Botica histórica
- Río Arlanza
- El Torreón de Fernán González
- Ex Colegiata
- Museo de la Colegiata
- Princesa Kristina de Noruega
- Archivo del Adelantamiento de Castilla
- Casa de Doña Sancha
- Cruceros Góticos
- Iglesia de Santo Tomás
- Rollo Jurisdiccional
- Murallas de la Villa
- Calles y plazas

Alrededores:
- Ermita de San Olav
- El cementerio de Sad Hill
- El desfiladero de la Yecla
- La Ermita de Mamblas
- Ura
- Fuente Azul
- El Monasterio de San Pedro de Arlanza
- Santo Domingo de Silos

Fiestas más importantes:
San Isidro (15 de mayo)
Navidad
La Pasión viviente (Semana Santa)
La noche de San Juan (23 de junio)
Spanish Olav Festival (finales de junio)
Mercado Medieval y Fiesta de la Cereza (primer fin de semana de julio)
Los demonios del mercado medieval (primer fin de semana de julio)
Fiestas de San Cosme y San Damian (finales de septiembre)
Halloween (31 de octubre)




jueves, 20 de julio de 2017

Mama Natura nos alivia con InsectDHU

Cuando me llegó el aviso de un nuevo Sello de Calidad de Madresfera para probar InsectDhu, de Mama Natura, se me fue el dedo antes de que pudiera pensar. "¡Me viene de miedo!" me dije después. En esta casa hay tres personas que acusan muchísimo las picaduras de los bichos. El papá de familia es el único que se suele librar, pero el resto terminamos llenos de ampollitas y ronchas. Un horror.

Y da igual el método antimosquitos y demás depredadores minúsculos. Cada día sumamos una marca más como mínimo. Con sus correspondientes picores. Así que he decidido apostar fuerte por los remedios post picadura.

Además, llevaba tiempo leyendo opiniones muy favorables acerca de las toallitas y la crema Calenduflorbaby de esta marca en concreto de blogueras en las que confío mucho. Así que me pareció una oportunidad excelente de probar un producto que me hacía mucha falta. Lo que más me gustó es que es apto para toda la familia, incluso para bebés. Aunque hay que tener cuidado de que el peque no se chupe la piel después de haberlo aplicado.

Este producto lleva una serie de ingredientes naturales en su composición que calman el picor, reducen la inflamación, ahuyentan los insectos más comunes y regeneran la piel. Lo mejor es que no lleva amoniaco ni corticoides, muy poco recomendables para la piel de los niños (y de los adultos, en realidad).

En cuanto me llegaron los tubos y Daniel se quejó de un irritante picor, comprobé que, efectivamente, se trataba de una picadura, y le endiñé InsectDHU Roll-on, que para mí ha triunfado mucho más que la de formato crema. Se aplica de forma facilísima, rápida y sale una cantidad no exagerada. En cambio con la de formato crema siempre me acabo pasando y tengo que quitar el sobrante con un clinex. Aunque esto es cuestión de gustos. A mí me ha convencido más el roll-on y mucho.

Nada más aplicar el producto (en el formato que sea), los niños aseguran que notan un ligero alivio de la picazón. A los cinco minutos ya están jugando tan tranquilos sin volver a acordarse del tema. En mi caso no es tan inmediato. Nada más aplicarlo noto un fresquito muy agradable y al poco ya comienza a remitir la picazón.

Mi puntuación es la siguiente:

Eficacia: Los efectos calmantes son bastante rápidos, aunque la inflamación tarda más en bajar. Depende bastante de lo grande que sea la picadura. Le doy un 4.
Olor: No tiene un olor desagradable, aunque tampoco especialmente maravilloso. El gel tiene un olor más fuerte, en mi opinión, con algún toque a eucalipto o similar, que lo hace más agradable y del que carece el roll-on, cuyo olor es más suave. Lo bueno es que al no tener un aroma fuerte no echa para atrás a los peques. Le doy otro 4.
Los formatos disponibles: Los formatos disponibles con muy prácticos porque son pequeños y fácilmente transportables. El gel tiene 25 gramos y el roll-on 10 mililitros. Para mí ha ganado por goleada este último por su fácil aplicación en niños extremadamente movidos. Le doy un 5 al roll-on por ser tan fácil de usar y un 4 al gel que es un poco más pringoso de aplicar. De los dos me gusta que sean tan portables.
La composición: Los ingredientes son hierbas, flores y aceites. Todo muy natural. Y, como ya he comentado, evitan usar amoniaco y corticoides con los que lo uso muy tranquila en la piel de mis hijos. Le doy un 5.

En general me han gustado mucho y los buscaré en mi Farmacia habitual. Les estamos dando muchísimo uso estos días.

miércoles, 19 de julio de 2017

El álbum de pegatinas

Entre hueco y hueco que me dejen los niños estoy intentando poner algo de orden en esta casa caótica porque los papeles, gomaeva, pompones, washi tapes, cartones, limpiapipas, etc, etc... se nos van a caer un día en la cabeza y nos van a aplastar. Cada vez que algo cae en mis manos veo grandes proyectos, pero la falta de tiempo no nos permiten ponerlos en práctica con lo que se quedan en algún hueco de la casa. ¡Pero se acabaron lo huecos! Están todos a rebosar. Así que reviso, miro, remiro, medito, pienso y lo que lleva ya más de un año (o dos... o tres...) lo tiro (a veces...). Es una cuestión de supervivencia.

Para que os hagáis una idea, encontré un montón de restos de pegatinas. ¿Qué es eso? Os preguntaréis. Pues los huecos en blanco que se quedan cuando usas las pegatinas. ¡Son maravillosos para crear nuestras propias pegatinas (Nivel diógenes máximo, lo sé).

Casi casi casi estaba a punto de tirarlas cuando mi primogénito se presentó en mi cuarto al grito de "¡Me aburroooo!". Niños aburridos + restos de pegatinas... En fin, que los senté en la mesa con el material que casi deshecho, tijeras y rotus. Les dije que podían hacer sus propias pegatinas para pegar en carpetas, libretas... Y Daniel fue más allá. "¡Quiero hacer un álbum con mis pegatinas!", y, como no, el peque se sumó a su propuesta.

Así que les saqué unos cuadernitos para que los costumizaran al gusto. Y allí los dejé tan entretenidos. Si es que al final tengo razón en no tirar las cosas (aunque mi marido sufra, sufra).

Les quedaron unos álbums preciosos.

martes, 18 de julio de 2017

Aviones de papel

Cada tarde de parque encierra una sorpresa. Me empiezo acostumbrar a eso. Si no hacen una construcción con lo que encuentran en el contenedor de cartones, se montan un río con el agua de la fuente o trepan por los árboles como monos. Pero si fuera por ellos, los columpios pueden coger telarañas, porque los usan muy poquito.

En una de esas tardes, vino un amigo de Daniel que también destaca por su gran creatividad. Debajo del brazo traía un montón de papeles. Eran las instrucciones para hacer un avión de papel y unos folios.

Anda que no estuvieron entretenidos doblando papeles y construyéndose sus aviones. Aunque creo que mis hijos necesitaron mucha ayuda de su amigo.

Al final vinieron a mi encuentro para enseñarme orgullosos los aviones de papel. No eran los de toda la vida. ¡Eran chulísimos! El peque debió ver brillar mis ojitos porque me chivó la página de la que se bajó las instrucciones: avioncitos de papel.

Está genial. Tiene un montón de instrucciones para diferentes aviones. El que se llevaron mis chicos a casa, no sólo volaba genial, sino que tenía tren de aterrizaje y casi siempre aterrizaba sobre él. Yo misma los tire varias veces y el avión siempre se las ingeniaba para aterrizar sobre su tren de aterrizaje. ¡Una pasada!

Habrá que curiosear detenidamente la página y probar con otros modelos.

lunes, 17 de julio de 2017

Bicho finalmente disecado

Tras tres semanas dándose un bañito en alcohol, el bicho, presuntamente una avispa enorme y negra bastante asquerosa (es una opinión personal) ha pasado a ser pinchada en un corcho.

Finalmente, la artífice de tan penosa tarea ha sido la mami (ejem). Después de confesar con más asco que vergüenza, al tío del interesado que aún no nos habíamos atrevido a hacer el último paso para obtener el primero insecto de la colección de Daniel, el susodicho me informó de que si lo dejaba mucho tiempo (más de dos o tres días) se ponía duro igual y que ya no habría manera de pincharlo de una forma elegante.

Estuvo a un tris de tirarlo, bote incluído, y olvidarme del tema. Pero el mayor parecía tan emocionado cuando lo cazaron... (la cacería más fácil de la historia porque se lo encontraron ya cadáver en un rincón).

En fin, yendo al meollo de la cuestión, que cogí un tenedor y lo saqué como pude. Cómo se escurría el tío. Encima que me daba mal rollo y no me lo ponía fácil. Pero salí victoriosa y puse el bicho en un trozo de corcho de estudio que había cortado previamente.

Efectivamente, ya estaba con el rigor mortis, pero ladeándolo un poquito se veía bien (hasta esos ojitos de multivisión tan brillantes). Sin pensarlo más lo atravesé con el alfiler así tal cual. El crunch retumbó en mi cerebro y se bajó un ratito a soliviantar a mis estómago, pero logré controlar mi repugnancia.

Me percaté enseguida que el alfiler sobresalía demasiado, así que decidí sobre la marcha añadir una segunda capa de corcho debajo y hundir un poquito más el pincho. Después de los del crunch eso fue un juego de niños.

Para que no se desmontara y porque una ya que se pone, pues lo hace lo mejor posible, junté las dos capas con una cinta adhesiva blanca que se supone que tiene mucho pegamento (a ver, porque la compré en un todo a cien y no en una ferretería. No pidamos peras al olmo).

Muy satisfecha con el resultado se lo enseñé a los niños, que se quedaron fascinados, a mi marido, que me pareció hasta aliviado, a mi hermano, que dio el visto bueno... Y muy orgullosa lo coloqué en un lugar bien visible de la estantería del primogénito.

"Esto... Mamá", me interpeló Daniel.
"Siiiii", le contesté orgullosa de mi trabajo.
"¿Vas a ponerlo ahí?", me señaló el estante poco convencido.
"Eeeeeh, pues... Sí. ¿Que pasa? ¿No te gusta?", dije con tono inseguro.
"¡Que va! Me encanta. ¡Es chulísimo! Pero ¿no crees que si lo dejas ahí me va a dar pesadillas"

........

En fin, que el bicho está en MI estantería y he decidido llamarlo Willy.

viernes, 14 de julio de 2017

El Museo Tiflológico de la ONCE

Llevaba años con la idea de llevar a los peques al Museo Tiflológico de La ONCE, pero entre unas cosas y otras nunca lo hacía. Pero este verano me he decidido y allí que me planté con los peques. Ellos también estaban muy ilusionados porque les había hablado millones de veces de este fantástico museo en el que ¡se pueden tocar las piezas expuestas! Ualaaaaa.

Nada más acceder al edificio mis hijos se lanzaron a investigar el bonito jardín vertical de la puerta. Les paré de inmediato y les aseguré que, obviamente, eso no se podía tocar.

El Museo se encuentra en la tercera planta. Desde una amplia recepción se accede a las salas. Nosotros empezamos por las que sabía que iban a triunfar entre mis churumbeles: las de las maquetas.

En la primera habitación nos encontramos con las internacionales. Mis hijos se tiraron de llenos a por la Torre de Pisa,  la Eiffel y la estatua de la libertad. Tanto oír hablar de ellas, tanto verlas en fotos y ahora podían tocarlas. Y no se hicieron de rogar.

La recepcionista les había corroborado que en esa parte del museo la colección se podía tocar, pero con cuidado. Así que les estuve vigilando por si se pasaban con sus impulsos sobeteadores. La verdad es que se portaron muy bien. De ahí pasaron por todas las demás: el Partenón, la ciudad de Jerusalem, el monumento a los descubridores, el puente de la Torre de Londres, el Taj Mahal o Santa Sofía, entre otros.

Alucinaban y no sabían cuál elegir. Porque eso de ir en orden y juntos parece que no va con ellos. Las maquetas son preciosas y tienen muchísimos detalles. Es imposible resistirse a asomarse por los patios de los palacios y conventos o tocar las suaves zonas ajardinadas.

En la siguiente sala nos encontramos las maquetas nacionales: La Puerta de Alcalá, la Alhambra, la Catedral de Burgos, la de Santiago de Compostela, las cuevas de Altamira, la Sagrada Familia... Una pasada.

Podría haberme quedado horas en esas salas reparando en cada detalle, mientras que los niños tocaban cúpulas, árboles, capiteles...

Encima el mapa en tres dimensiones de la ciudad de Toledo tiene botoncitos y luces para indicar dónde está cada cosa. Algo que les llamó mucho la atención a estos pillos.

Cuando se cansaron de observar maquetas llegó la hora de jugar. Se imaginaban ser grandes monstruos estilo Godzilla y King Kong a punto de arrasar Ávila o la Basílica de Nuestra Señora del Pilar. Anda que no se lo pasaron bien gruñendo, golpeándose el pecho y haciendo como que se comían las construcciones. Seguro que el resto de los visitantes lo estarían flipando con estos niños.

En la última sala de ese ala estaba la exposición temporal: Aquática de Marcelo Vilebich. Una serie de fotografías hechas en el fondo del mar que son una preciosidad.

Tras un buen rato, nos encaminamos hacia la sala Sala de obras de artistas ciegos y con discapacidad visual grave. A mí me maravilló esta parte, pero como no se podía tocar mis hijos perdieron bastante el interés. Y eso que era impresionante.

Tampoco quise perderme la de material tiflológico y la de la historia del cupón de la ONCE. Muy interesantes y curiosas. Estoy seguro que a mis peques les hubiera enganchado más si no hubieran estado obsesionados con volver a las salas de las maquetas. A la que volvimos, claro. Con la ilusión que les hacía seguir jugando a Godzilla.

Di por terminada la visita y antes de irnos la recepcionista nos puso en la mano una bolsa con mucho tesoros increíbles, uno de cada para cada uno: brújulas, lupas, el abecedario en Braille, camisetas, pulseras, muchísimos caramelos... Los dos primeros objetos nos los pensamos llevar en nuestras vacaciones para descubrir muchas cosas.

Cuando nos fuimos, Daniel me hizo prometerle que volveríamos lo antes posible: "¿Mañana? ¿Pasado? ¿La próxima semana?". ¡Que ansias! Sí que le ha gustado.

Habrá que volver pronto.